Territorio, competitividad sistémica y
desarrollo endógeno
Metodología para el estudio de los Sistemas
Regionales de Innovación
Cecilia Montero
Pablo Morris[1]
Este
artículo tiene por objeto presentar una metodología desarrollada para dar
cuenta del entramado de relaciones que configuran las redes que operan en un
determinado territorio y que facilitan la innovación y la transferencia de
tecnologías[2].
¿Por
qué resulta importante conocer y diagnosticar el estado de los sistemas
regionales de innovación (SRI)? ¿Y por qué hacerlo a escala regional? En primer
lugar, porque la innovación, como la ha señalado la OECD (1992) es un
componente fundamental para el desarrollo de la competitividad. En segundo
lugar, porque a nivel del territorio, la innovación puede aportar
simultáneamente a las dimensiones del crecimiento y de la equidad, facilitando
procesos de endogeneización del desarrollo. En tercer lugar, porque la
innovación no ocurre como un suceso aislado, sino en el marco de ciertas redes
de actores (más fuertes o más débiles), las cuales determinan en gran medida la
posibilidad de difusión tecnológica y de generación de sinergias que favorezcan
al tejido regional-territorial en su conjunto. En cuarto lugar, porque con la
globalización han perdido fuerza los Estados nacionales y emergen las localidades
y las regiones como unidades territoriales de desarrollo y de inserción en el
mercado mundial. Por todas estas consideraciones, pensamos que el enfoque de los SRI representa un acercamiento apropiado, si se tiene como
horizonte la posibilidad de un desarrollo endógeno en un mercado globalizado.
En un esfuerzo por
ofrecer caminos alternativos al neoliberalismo, los teóricos del desarrollo han
apuntado a la importancia de las redes y actores sociales. Las teorías de la
competitividad sistémica y del desarrollo endógeno constituyen aportes importantes,
pero persiste un vacío metodológico al momento de diagnosticar la situación
actual de los SRI. Por tratarse de enfoques que no dan cuenta de cómo las cosas
están ocurriendo actualmente, sino de cómo se podrían aprovechar muchas
oportunidades presentes en el territorio para alcanzar un estado deseado en el
futuro, resulta clave poder describir con precisión la situación presente. Mas
aún, para crear o potenciar un SRI hace falta saber si actualmente éste existe
o no y cuáles son sus fortalezas y debilidades.
Para realizar el
diagnóstico de un SRI proponemos una combinación de 3 metodologías, que deben
necesariamente ser aplicadas en conjunto: a) la elaboración, junto con los
actores regionales, de una visión estratégica del territorio b) la detección de algunos focos de
innovación tecnológica que, a partir de su historia, su experiencia, sus
características y las redes en que se insertan, permiten esbozar lineamientos
generales con respecto a la dinámica del SRI; y c) la descripción de la
morfología de las redes de actores regionales, realizada en base a un
cuestionario que permite medir los índices de conectividad de los actores.
Previo a la
presentación de la metodología propuesta
se examina el concepto de innovación, las teorías de la competitividad sistémica
y del desarrollo endógeno. Luego se describen los instrumentos que permiten
definir la visión estratégica, los focos de innovación en la región y las redes
de actores. Por último, se presentan en forma resumida los resultados de la
aplicación de dichos instrumentos a la realidad de la VI región de Chile.
1. la
innovación no ocurre en el vacío: hacia un concepto de sistemas de innovación
El
concepto de innovación tecnológica
Para comenzar, se
deben esclarecer ciertos antecedentes conceptuales, acerca de lo que se
entiende por “innovación tecnológica”.
Desde el punto de
vista de las empresas, la innovación tecnológica se presenta como un
aprendizaje continuo y acumulativo de las firmas para mejorar los
productos, los procesos y la gestión de manera a incrementar su
productividad y competitividad[3].
Sin embargo, la innovación no se limita a la firma individual: pese a que ésta
puede ser su unidad de aplicación inicial, sus efectos se extienden sobre toda
la red en que ella se inserta. Incluso en la adopción de nuevas tecnologías el
entorno social ejerce su influencia, estableciendo oportunidades y
restricciones para la innovación.
Al respecto, existe
bastante consenso entre los especialistas respecto de considerar la innovación
y el cambio tecnológico tanto como un insumo para elevar la productividad, como
un producto de ciertas acciones no sólo de las empresas sino también de otros
actores[4].
Esta doble cara se explica por el hecho de que la tecnología tiene
características particulares, que la hacen diferente a la mayoría de los mercados.
En primer lugar, la inversión en tecnología no es apropiable por parte de
quienes hacen dicha inversión, puesto que se generan externalidades que los
sobrepasan. Y en segundo lugar, el desarrollo tecnológico es un proceso social,
evolutivo, incierto y sistémico, que involucra tanto el ámbito del mercado,
como los ámbitos institucionales y culturales.
Por lo tanto, la
tecnología no es sólo un objeto que se ofrece en el mercado, sino también un
proceso de aprendizaje social, en el cual se van abriendo nuevas posibilidades.
Así, el cambio tecnológico no consiste sólo en la adquisición de nuevos bienes
y servicios, sino, más que eso, constituye un proceso de aprendizaje colectivo,
lento, sostenido, que supone un entorno institucional y de incentivos, y que
debe vincularse a una red social amplia, que incluya el sistema educacional, el
sistema científico y el sistema productivo. Lo anterior implica reconocer que
la innovación tecnológica tiene determinantes que van más allá de las firmas[5]:
1) el desarrollo y la
estabilidad económica,
2) el marco regulatorio general (incluidos
los sistemas y programas de incentivos),
3) el entorno
institucional, y
4) una cierta cultura
de cooperación.
En base a estos
elementos, podemos definir a la innovación tecnológica como un proceso
social que contempla la concepción, oferta y difusión de nuevos servicios,
productos, procesos productivos y formas de gestión, y que aprovecha para ello
la infraestructura tecnológica disponible.
Innovar
para agregar valor
El contexto general
en el cual se inserta el interés por la innovación en Chile tiene que ver con
el modelo de crecimiento existente y con las posibilidades de incrementar su
competitividad, en el marco de una economía cada vez más globalizada. Desde
esta perspectiva, un desafío central es prever posibles dificultades del modelo
y anticiparse a ellas, para otorgar mayor estabilidad y solidez a la inserción
chilena en los mercados internacionales.
Resulta bastante
claro que las incertidumbres a futuro no provienen tanto de los condicionantes
institucionales o macroeconómicos, pues en estos campos se ha alcanzado un alto
grado de consenso político en cuanto a reconocer que se trata de reformas que
deberán mantenerse en el largo plazo. Más bien, las incertidumbres se basan en
el carácter transitorio que muestran los despegues económicos basados en
recursos naturales. La experiencia contemporánea demuestra fehacientemente que,
a largo plazo, el crecimiento económico debe sustentarse cada vez más en el uso
de la ciencia y la tecnología, como pilares del aumento de la productividad. Y esto implica, casi
necesariamente, innovar[6].
De hecho, en el campo de la economía existe un creciente acuerdo acerca de que,
junto con la acumulación de capital, el progreso tecnológico constituye una
fuerza central del crecimiento económico y del aumento del bienestar de las
naciones.
El uso de ciencia y
tecnología permite avanzar hacia la “segunda fase exportadora”, esto es, pasar
de un tipo de economía basado en commodities y bienes de poca elaboración,
donde importan las cantidades producidas, con un bajo nivel de calificación de
la mano de obra, hacia otro, cuyo fundamento es la producción de bienes y
servicios con un alto valor agregado, donde priman los criterios de calidad del
producto y de mayor profesionalismo y calificación de los recursos humanos.
Además, resulta
clave destacar que la innovación no sólo puede favorecer la dimensión
“crecimiento”, sino también a la dimensión “equidad”. Es justamente en esta
dirección que apuntan los estudios de los sistemas tecnológicos regionales y
sectoriales, detectando las posibilidades de crecimiento en aquellos espacios
alejados del centro político, administrativo, económico y cultural del país. La
mayor competitividad internacional de Chile exige una efectiva
descentralización, y no sólo por un asunto de principios, sino también porque
las dinámicas regionales potenciadas pueden generar externalidades que
fortalezcan al país en su conjunto.
Sistemas
Nacionales De Innovación
Sin embargo, para
llegar a considerar la innovación en su dimensión local-regional, hay un paso
conceptual previo: mirar al cambio tecnológico como un proceso que ocurre
dentro de redes de actores diversos que pueden llegar a conformar, en su estado
óptimo, sistemas de innovación.
El punto de partida
para esta mirada es la constatación empírica de que la evolución tecnológica de
un país no depende sólo de la iniciativa y los conocimientos de algunos
ingenieros y empresarios con una mentalidad moderna, aunque éstos sean
indispensables, sino que depende también de un conjunto de condiciones
económicas, sociales e institucionales maduradas en el tiempo, y de otros
actores que intervienen directa o indirectamente en los procesos de innovación
tecnológica. Ese conjunto de procesos, condicionantes y agentes
interrelacionados entre sí son los que dan sustento a la existencia de un
sistema de innovación: mientras más rica y compleja sea esta trama, mayores
serán las oportunidades de desarrollo de la base tecnológica nacional.
Este tipo de enfoques
se ha usado para caracterizar la situación tecnológica de los Estados
nacionales y, en esta perspectiva, se creó el concepto de “Sistema Nacional de
Innovación” (SNI)[7].
Freeman (1987) caracteriza un SNI a través de la definición de subsistemas de
investigación y desarrollo y de producción, las relaciones entre ambos y los
roles del Estado y la historia de cada país en su configuración. Por otra
parte, R. Nelson (1988) identifica el fuerte componente público-privado del
cambio tecnológico y el rol que tanto las firmas privadas, el gobierno y las
universidades tienen en su generación. M. Porter (1990) aporta cuatro conceptos
que afectan fuertemente la competitividad nacional: la estrategia de las
firmas, las condiciones de los factores productivos, las condiciones de la
demanda y las industrias de apoyo; todos ellos con fuertes componentes
idiosincrásicos locales, que permiten interpretarlos como partes integrantes de
un SNI. Por último, C. Dahlman y R. Nelson (1993) plantean que un elemento
central para utilizar una tecnología exitosamente es poseer "capacidad
tecnológica", la cual depende de las personas e instituciones del país y
del tipo de interacciones que se tejen entre ellas. Para estos autores, la red
de información y el conjunto de agentes, políticas e instituciones, que afectan
la introducción de nueva tecnología a una economía, conforman un SNI.
En resumen, podemos
ver que el concepto de SNI pone de manifiesto la importancia fundamental de las
redes de actores y los entornos institucionales dentro de los cuales se
desarrollan los procesos innovadores (lo que más adelante se llamará el nivel
“meso”). La importancia de este nivel se explica porque, en un contexto de
liberalización de los mercados internacionales, se genera un fuerte aumento de
la competencia. La adaptación a las nuevas condiciones de las firmas se ve
enormemente facilitada por el aprovechamiento de la infraestructura
tecnológica, lo cual será más eficaz mientras mayor sea el esfuerzo de
colaboración entre las empresas y otros actores. “En materia de innovación, la
colaboración es tan importante como la competencia”[8].
Siguiendo a
Lundvall (1993), la relevancia de la dimensión institucional surge del hecho de
que las instituciones proveen a los agentes (firmas y consumidores) de
"guías para la acción". En un mundo donde la incertidumbre aparece
como uno de los aspectos dominantes de la vida económica, un aspecto central de
las instituciones es su relativa estabilidad en el tiempo, lo cual permite que
actúen como agentes reductores de incertidumbre y, así, hagan posible que los
sistemas económicos sobrevivan y se reproduzcan.
En suma, el entorno
institucional en que operan las firmas influye sobre la manera en que éstas
llevan a cabo sus procesos productivos y la comercialización de sus productos,
la incorporación de nuevos bienes de capital y la capacitación de su fuerza de
trabajo. Además, repercute sobre los procesos de aprendizaje y de formación de
capital humano. Sin embargo, los actores e instituciones del entorno no están
ubicados en un vacío; su posicionamiento dentro de territorios específicos facilita
en gran medida su articulación mutua y hace posible la generación de sinergias
hacia el conjunto del tejido social. Por ello, actualmente la mirada de los
investigadores se dirige no sólo al macro nivel de los SNI, sino también al
meso-nivel de los llamados sistemas regionales de innovación (SRI).
LA
INNOVACIÓN EN ESCENARIOS REGIONALES
Un SRI puede ser
definido como un “conjunto de redes de agentes públicos, privados y
educacionales que interactúan en un territorio específico, aprovechando una infraestructura
particular, para los propósitos de adaptar, generar y/o difundir innovaciones
tecnológicas”[9].
La eficacia de los
procesos de absorción de tecnología extranjera, de creación nacional de
tecnología o de difusión tecnológica dentro de un territorio, está determinada
por numerosas instituciones y agentes, que influyen decisivamente en la
velocidad y en el potencial de aprendizaje de los actores involucrados[10].
Esto se ve confirmado por las investigaciones realizadas acerca de las
experiencias mas exitosas en materias de innovación tecnológica, las cuales han
llamado la atención acerca de los siguientes puntos[11]:
1)
la innovación por imitación es una buena base para desarrollos ulteriores de
una tecnología propia
2)
se requiere de un esfuerzo significativo en desarrollar una infraestructura
local que permita realizar una adaptación a las condiciones locales (capital
humano, estilos de trabajo, condiciones ambientales, mercados locales, etc.)
3)
se requiere de condiciones de
acumulación del conocimiento científico técnico para mantener y difundir el
saber formal y los conocimientos no codificados o tácitos
4)
el conocimiento técnico aplicado tiene un carácter eminentemente local
5)
las opciones tecnológicas están en directa relación con la densidad de la red
social local: relaciones entre firmas, entre éstas y la infraestructura física
y tecnológica.
Los territorios
presentan condiciones ventajosas, dado el principio de cercanía física entre
sus empresas, actores e instituciones, para desarrollar dinámicamente estas 5
dimensiones. Pero ello no basta por sí solo. Habrá que poner atención en el
hecho de que el desempeño de un sistema tecnológico depende del funcionamiento
de las partes que lo componen, pero sobre todo, de la manera en que ellas están
interconectadas. El tema de fondo, entonces, ya no es cómo fortalecer a los
actores aislados, en su capacidad de compra de tecnologías (aunque también esto
es importante), sino en cómo fortalecer al sistema en su conjunto.
Las implicancias de
una formulación como ésta deben quedar claras: al fortalecerse el desarrollo de
los sistemas tecnológicos territoriales (SRI), se genera un aumento (real y
potencial) de la variedad: por lo tanto, se gatilla una complejización de la
organización y gestión de la producción en su conjunto (como flujo o cadena).
El potenciamiento de los sistemas regionales de innovación puede, por lo tanto,
operar como acelerador del desarrollo local o regional, al generar efectos
sinérgicos desde “redes virtuosas”.
Las empresas
aisladas de hecho pueden estar, o ya están, innovando: la pregunta de los SRI
no es si innovar o no, sino cómo aprovechar las oportunidades de innovación
para potenciar el desarrollo endógeno de los territorios. La mejor forma de
lograr esto (y por lo tanto mejorar la competitividad e inserción mundial del
territorio) es mediante la generación de redes. Desde esta perspectiva, la
conformación de un SRI es, igual que el desarrollo endógeno, una opción
política.
2.
INNOVACIÓN, COMPETITIVIDAD SISTÉMICA Y DESARROLLO ENDÓGENO
Sabido es que la
innovación tecnológica es un componente clave para la competitividad de los países,
las regiones y las localidades (OECD 1992), siempre que genere impactos
positivos hacia el entorno en el cual se ha gestado. Por ello, es importante
darle una mirada desde un punto de vista social y sistémico puesto que, así
como la generación, adaptación y difusión de nuevos conocimientos tecnológicos
al interior del aparato productivo constituye un factor clave para el aumento
de la productividad global de los factores, es también un campo fértil para la
presencia de sinergias, externalidades y retornos crecientes.
Varios son los
elementos que permiten afirmar que la consolidación de un SRI dinámico puede
ser un factor clave para gatillar dinámicas de endogeneización del desarrollo
al interior de un territorio.
El
territorio como base de la competitividad en un mundo global
Desde fines de los
‘80, y frente al avance de la globalización y a la presión por alinearse y
aplicar políticas de ajuste, se afirma que los Estados nacionales están
perdiendo capacidad de maniobra y que priman los mecanismos de mercado,
contexto en el cual sólo bastaría con aplicar políticas neoliberales. Más
recientemente, han surgido enfoques críticos que plantean que la competitividad
no se basa solo en las políticas que dejan operar al mercado, sino que es un
asunto de toda la sociedad, de su capacidad de aprender y resolver problemas
mediante un entramado de organizaciones e instituciones. Esta complejidad
organizacional se ha designado como la Sociedad-Red (Messner, 1997; Castells,
l997).
Las nuevas teorías
de la competitividad se inscriben en una visión del desarrollo como un proceso
endógeno. Esto implica que juegan un rol central las instituciones y actores
presentes y partícipes en el territorio. Una variable clave para la
competitividad basada en el desarrollo endógeno son las redes de colaboración
orientadas a la innovación (OECD, 1992).
En efecto, una
alternativa muy importante para elevar la competitividad de los países es
recurrir a un componente poco volátil y con alto potencial de desarrollo, como
son los territorios, lo que significa que el éxito económico de los países
puede decidirse en gran medida a nivel de sus sub-regiones internas. Junto con
ello, la revalorización del territorio puede contribuir a equilibrar
internamente las zonas de desarrollo, desde una perspectiva social. Este factor
de equidad es particularmente importante en el contexto latinoamericano,
caracterizado por una fuerte concentración del desarrollo en las zonas urbanas
metropolitanas.
Desarrollo
endógeno: la posibilidad de competir con fuerzas propias
Como señala De
Mattos (1997), el desarrollo futuro de un territorio está en gran medida
condicionado por su potencial endógeno, es decir, por sus condiciones iniciales[12].
Esto vale también para un factor clave para el desarrollo, como es la
innovación.
La posibilidad de
convertir al territorio en un escenario propicio para el desarrollo y con un
potencial de competitividad posible de explotar, es la base de los modelos de
desarrollo endógeno. Estos modelos se basan en que la tasa de crecimiento
depende del stock de tres factores: capital físico, capital humano y
conocimientos (o progreso técnico), que pueden ser objeto de acumulación y,
además, generan externalidades. Así, el posible nivel de desarrollo futuro de
cada territorio (o su “potencial endógeno”) está condicionado por el nivel de
acumulación de estos tres factores (De Mattos, 1997).
El modelo del
desarrollo endógeno, pese a no tener una sola formulación sistemática, viene de
algún modo a reemplazar al viejo keynesianismo, basado en desarrollos
industriales protegidos por el Estado, y al más reciente enfoque neoliberal,
fundado en una radical neutralización del rol estatal para dejar operar
libremente a las fuerzas del mercado. De hecho, este enfoque intenta colocarse
en un espacio intermedio: ni voluntarismo estatal ni Estado neutro. El
desarrollo endógeno se logra con un Estado que genera un ambiente favorable a
la inversión creando ciertas externalidades, entregando bienes públicos, y
regulando las distorsiones económicas. Otros actores pasan a ser claves para el
desarrollo: los clusters o simples redes productivas, las asociaciones, y las
organizaciones de la sociedad civil en general.
Cabe señalar que
desde este modelo no es el territorio, en sí mismo, el que es competitivo. La
premisa básica es, más bien, que en él pueden encontrarse ciertas
potencialidades, en sus empresas, actores e instituciones, que pueden o no
desarrollarse siempre y cuando se den ciertas condiciones. La creación de estas
condiciones implica que el desarrollo endógeno debe tener un fuerte componente
de políticas públicas orientadas a favorecerlo.
La
competitividad local
Como una
experiencia concreta en la cual se puede generar este tipo de desarrollo, los
estudiosos del tema han seguido con sumo interés las investigaciones sobre los
distritos industriales del norte de Italia, Dinamarca, Baden-Wüttemburg
(Alemania), España y Canadá[13].
Por “distrito industrial” se entiende un sistema productivo de pequeñas y
medianas empresas, integradas a nivel local y especializadas en fases que son
todas ellas partes del mismo ciclo productivo[14].
Estas exitosas
experiencias de competitividad local hablan precisamente de cómo el territorio
puede ser un escenario propicio para el desarrollo. La clave para ello es una
cierta forma de organización social y económica basada en redes densas de
firmas pequeñas[15],
donde se combinan especialización productiva y subcontratación. Ellas reúnen
varias características[16]:
·
se orientan hacia un sector
industrial específico, incluyendo todos los procesos y servicios que confluyen
hacia la elaboración de una cierta familia de productos
·
se basan en la proximidad
geográfica entre las firmas y entre éstas y las instituciones locales de apoyo
a la producción
·
la cooperación entre las firmas
(por ejemplo, compartir información acerca de nuevas tecnologías o productos)
facilita su competitividad conjunta
·
cuentan con un empresariado
dinámico, innovador, calificado e inserto en redes
·
su competitividad no se basa en el
precio sino en la calidad de los productos
·
disponen de una fuerza de trabajo
entrenada, bien capacitada y altamente adaptable
·
la existencia de un contrato
social entre las empresas, las instituciones y los actores sociales, genera una
atmósfera de confianza y colaboración
Pese a que hay
experiencias de distritos industriales más y menos exitosas, la gran atracción
del modelo consiste en la posibilidad de basar el desarrollo industrial en
fuerzas endógenas. Sin embargo, como lo hemos señalado, el desarrollo endógeno
no se impone espontáneamente, sino que es, ante todo, una opción política
orientada a conjugar crecimiento con equidad social, territorial y sectorial,
en una mezcla que genere condiciones locales de alta competitividad. Se trata
de aprovechar las externalidades positivas que pueden surgir de las redes y de
disminuir las negativas[17].
Estos mismos son, básicamente, los desafíos que enfrentan los SRI.
La
importancia del entorno o “eficiencia colectiva” (nivel meso)
Los
SRI pueden jugar un papel central para elevar la competitividad local, dadas
ciertas condiciones, en cierto modo similares a las que se presentaron en los
distritos industriales más exitosos. Pero al hablar de competitividad, no nos
referimos a conceptos tradicionales sino a otros que han sido elaborados
recientemente y que se caracterizan por su flexibilidad y dinamismo.
Un
ejemplo es el de la OECD, que elaboró el concepto de “competitividad
estructural” [18].
Éste se basa en tres pilares: a) un fuerte énfasis en el rol central que juega
la innovación para el desarrollo económico, b) una organización empresarial que
supera el taylorismo y que es capaz de activar los potenciales de aprendizaje e
innovación en todos las áreas de las empresas, y c) redes de colaboración
orientadas a la innovación. A nivel más microeconómico, M. Porter contribuyó a
desarrollar la idea de la eficiencia económica de los países en base a la
existencia conglomerados o clusters de empresas e instituciones, enfoque que
fue llevado a nivel geográfico por los estudiosos de los distritos
industriales.
En
un intento de síntesis de estos aportes, el German Development Institute de
Berlín forjó el concepto de competitividad sistémica[19],
partiendo de la base de que en muchos países en desarrollo el entorno
empresarial eficaz propiciado por la OECD es insuficiente o no existe[20].
Desde esta perspectiva es altamente relevante poner atención en el hecho que la
competitividad es “construida” por el hombre y que la localización de las
firmas depende de la existencia de un entorno capaz de responder en mejores
condiciones a la complejidad creciente de las demandas de la globalización.
Aquí juega un papel clave la dimensión política regional, bastante soslayada
por el énfasis más económico de la “competitividad estructural” y de otras
formulaciones[21].
El
concepto de “competitividad sistémica” tiene dos elementos que lo distinguen de
otros: a) la diferenciación entre cuatro niveles analíticos (meta, macro, meso
y micro), siendo el nivel meta donde se juega la capacidad de una sociedad para
la integración y la estrategia, mientras que el nivel meso es el espacio de los
entornos capaces de fomentar, complementar y multiplicar los esfuerzos al nivel
de la empresa; y, b) la vinculación de elementos provenientes de la economía
industrial, la teoría de la innovación y la sociología industrial, con los
argumentos provenientes de las ciencias políticas y su debate en torno a las
policy-networks[22].
Con respecto al modelo de los SRI, éste puede
ser visto como un ejemplo particular de la aplicación de los conceptos de
eficiencia colectiva y competitividad sistémica a un área estratégica para el
desarrollo de los países y los territorios: el de la innovación.
El
desafío de tejer y fortalecer redes
Una
de las más importantes lecciones derivadas de los enfoques presentados es que
el desarrollo endógeno (incluyendo la formación y fortalecimiento de los SRI)
requiere del desarrollo de una comunidad local que refuerce las conexiones
productivas dentro de un contexto social sólido. Las políticas territoriales
debieran poner atención, simultáneamente, en el desarrollo de relaciones
sociales y en el reforzamiento de una especialización complementaria de la
producción[23]. En
otras palabras, es importante crear redes.
Una
red es “un nudo de relaciones entre actores que se benefician de pertenecer
a ella. Desde el punto de vista de la empresa, las redes constituyen un vasto
conjunto de oportunidades y restricciones, a partir de las cuales la firma
define sus opciones tecnológicas”[24].
Desde el punto de vista de las políticas públicas las redes son el mecanismo
que las instituciones tecnológicas deben fortalecer para inducir el cambio
tecnológico.
Las redes ayudan a
difundir el conocimiento tácito (know-how) por la vía de los contactos
interpersonales[25].
Así, el aprovechamiento de las cercanías
físicas entre los integrantes de una red puede generar importantes
externalidades, teniendo también efectos positivos sobre la productividad de
cada uno de los actores involucrados, al aumentar su acceso a recursos escasos,
elevar su capacidad innovativa o reforzar su poder de negociación[26].
Para ello cuentan con dos tipos de recursos morales: la confianza y la
reciprocidad.
Sin embargo, las
redes también pueden encerrar riesgos.
En un estudio sobre el declinamiento de la zona industrial alemana del
Ruhr[27],
se muestra que la interdependencia demasiado grande entre firmas, instituciones
y actores regionales, arraigada en fuertes relaciones personales y reforzada
por un sistema político-administrativo facilitador de la cooperación, pese a
facilitar la adaptación del territorio a un entorno estable, tuvo consecuencias
desastrosas en el largo plazo sobre la adaptabilidad regional a un contexto más
variable, complejo e impredecible. Las relaciones demasiado estrechas entre
firmas al interior de la red limitaron la visión de nuevas oportunidades de
negocios y de innovación productiva. Así mismo, la intensidad de los nexos
entre la industria y el sistema político-administrativo obstruyó la necesaria
reorganización productiva del territorio en cuestión.
Siguiendo a
Granovetter, en este caso los lazos muy fuertes y cercanos acabaron creando
grandes debilidades. Por ello, sugiere este autor, muchas veces es preferible
fomentar lazos más débiles, lo que no significa necesariamente que por ello
vayan a ser menos densos. La densidad de una red no está dada por la cercanía o
lejanía de sus participantes, sino por el número de conexiones que hay entre
ellos [28].
3. UN VACÍO METODOLÓGICO
CARENCIAS
Y DILEMAS
Después de examinar
el aporte de las teorías de la competitividad sistémica y del desarrollo
endógeno, se puede observar un vacío metodológico al momento de diagnosticar la
situación actual de los SRI.
En el estudio
citado de Benavente, J. M. y Crespi, G. se señala la dificultad de caracterizar
la evolución del sistema de innovación como un todo, puesto que, aunque los
índices de productividad global, tasa de crecimiento del producto u otras
medidas afines, son elementos que comúnmente manejan los economistas para
caracterizar la evolución del fenómeno innovativo, dichas medidas no dan cuenta
de las fuentes de dicho crecimiento ni menos las implicancias de políticas
orientadas a que este fenómeno se acelere.
Considerando que
los sistemas (nacionales y regionales) de innovación son sistemas sociales, su
caracterización cuantitativa sólo puede realizarse revisando, parcialmente,
algunos componentes de este sistema y de allí inferir el impacto de cada uno de
ellos sobre el sistema total. No obstante, la elección de los candidatos es
arbitraria. Por ello, la metodología llevada a cabo por Benavente y Crespi
consistió en elaborar una fundamentación teórica de la importancia de cada
elemento en el desarrollo del SNI. Paralelo a ello, se estudió la evolución del
marco regulatorio e institucional que está detrás de cada elemento y, por
último, se entregó información cuantitativa que describa la evolución que ha
tenido cada uno de ellos en las últimas décadas.
Esta es una de las
aproximaciones posibles, centrada en los aspectos cuantitativos de la
infraestructura tecnológica disponible. Sin embargo, ella, como lo muestran los
mismos autores, no puede dar cuenta cabalmente de los factores cualitativos en
juego. Por su parte, los estudios cualitativos-exploratorios lo que ganan en
profundidad lo pierden en visión de conjunto.
La ya clásica
tensión entre lo cuantitativo y lo cualitativo fue abordada por los autores de
este artículo mediante una aproximación metodológica probada en un estudio
sobre el SRI de la Sexta Región, la cual
trató de integrar ambas miradas a distintos niveles de análisis.
UNA
METODOLOGÍA PARA EL ESTUDIO DE LOS SRI
En primer lugar, en
base al estado del arte de los últimos estudios sobre innovación, asumimos que
para abordar un SRI hay que tener en cuenta los siguientes elementos
conceptuales:
a)
Redes sociales: A partir de ellas
se va conformando el sistema de innovación. su importancia radica en que
reducen los costos de transacción, por la vía de la internalización de las
transacciones al interior de las redes, es decir, según el principio de la
cercanía.
b)
Dimensión territorial y carácter
local de la difusión de conocimiento: el contexto territorial tiene una fuerte
influencia sobre la evolución y difusión de las innovaciones.
c)
Carácter tácito de la difusión de
conocimiento: son aquellos elementos difíciles de codificar y, por lo mismo, de
difundir formalmente. Cuando estos elementos tácitos se incrementan dentro de
la base de conocimiento, la acumulación tecnológica se empieza a basar más en
la experiencia y en los contactos interpersonales[29].
Puede verse que las
redes, como soporte básico de los SRI, son un elemento central a considerar. Por
ello, la forma en que éstas se constituyen, su implantación en el territorio, y
el tipo de estructura que adopten tiene
efectos decisivos en el logro de las metas para sus integrantes. Así, las redes
más virtuosas pueden gatillar una dinamización del proceso innovativo y operar
como focos de desarrollo, por ejemplo, clusters sinérgicos de firmas y
tecnologías, dentro de una industria o grupo de industrias. También pueden ser
redes jerárquicas de dominación y de menor potencial de desarrollo para los miembros
mas débiles de la cadena.
En base a estos
antecedentes, nuestra propuesta se basa en la combinación de 3 metodologías,
cuyos resultados deben necesariamente ser analizados en conjunto:
a) la elaboración, junto con los actores regionales, de una visión
estratégica del territorio, la cual contiene los escenarios futuros;
b) la detección de algunos focos de innovación tecnológica que, a partir
de su historia, su experiencia, sus características y las redes en que se
insertan, permiten esbozar lineamientos generales con respecto a la dinámica
del SRI; y
c) la descripción de la morfología de las redes de actores regionales,
realizada en base a un cuestionario que permite medir los índices de
conectividad de los actores.
Previo a estas
fases, además, es necesario tener sumamente claro cuáles son los principales
desafíos productivos de la región en estudio, de modo de poder determinar
aquellas áreas de un SRI que más convendría fortalecer. Esto se puede
determinar en base a los datos secundarios disponibles sobre el perfil
económico-productivo regional, su situación social, la oferta educacional
disponible y la infraestructura científico-tecnológica existente. La validación
del análisis, sin embargo, debe realizarse en conjunto con los actores
regionales.
La
importancia de un visión estratégica del territorio
Para que un SRI
adquiera dinamismo propio y ayude al desarrollo endógeno, es importante que los
actores regionales tengan una cierta visión compartida de futuro. El futuro de
una región lo construyen sus actores. Las instituciones externas pueden apoyar
y proveer medios que faciliten y potencien el crecimiento regional pero la
orientación y el contenido del proceso de desarrollo se forja en el marco de
las acciones colectivas. La importancia del sistema social regional radica
justamente en la capacidad de acción colectiva.
Esto plantea un
desafío metodológico: ¿cómo identificar el potencial de acción de un
colectivo de personas? Cómo hacerlo, cuando sabemos que gran parte de los
actuales problemas sociales se deben justamente a que las instituciones
públicas ya no tienen la capacidad ni los medios para manejarlos. Por su parte
la sociedad civil no cuenta con las organizaciones adecuadas. Aún cuando estas
existen no es posible obtener un consenso estratégico acerca de los objetivos
que se pueden alcanzar mediante una acción conjunta.
Según David Bohm la
incapacidad que tiene actualmente la humanidad para resolver los problemas
sociales que ella misma ha generado se debe a que no sabemos comunicarnos. “Podemos
jugar juntos, bailar juntos, pero no podemos comunicar en conjunto. Nos es muy
difícil hablar de temas que nos afectan, de nuestras creencias y supuestos, sin
que la situación se vuelva violenta y se convierta en confrontación”
(Cayer, 1996). Esto se debe a que operamos mediante el pensamiento. El
pensamiento divide, fragmenta. Luego crea modelos para dar cuenta de una
realidad demasiado compleja para nuestra mente, los modelos nos permiten
actuar, tomar decisiones. Esto es normal. El problema surge cuando olvidamos
que los modelos son simplificaciones, no siempre adecuadas y corresponden a
realidades que pueden haber cambiado. Gran parte de los conflictos surgen
porque tomamos los modelos como realidad o somos incapaces de ponerlos al día y
peor aún, nos identificamos con ellos. Si alguien cuestiona mis modelos
entramos en conflicto.
“La mente no
quiere dejar de funcionar. El pensamiento crea las cosas y le da mucha
importancia a sus creaciones. Llegará hasta negar las evidencias con tal de
mantener sus creaciones” (Cayer, l996). ¿Cómo podría
entonces un grupo humano comunicarse sin caer en el conflicto? Una forma para
ello es entrar en diálogo, entendiendo por tal, la comunicación que se produce
en un grupo de personas que logran “suspender” sus juicios y posiciones y
escuchar a los demás. Esto hace posible “recrear un sentido” y acceder a la
creatividad colectiva.
Aunque existen
algunas tentativas metodológicas para rescatar este tipo de situaciones, tales
como la intervención sociológica desarrollada por el grupo de Alain Touraine, y
la práctica del diálogo que se inspira en los trabajos de David Bohm, hasta la
fecha la única técnica sencilla, al alcance de todos, para hacer trabajar a un
grupo en la definición de objetivos comunes es la planificación estratégica.
Desarrollada
principalmente con fines de management, la planificación estratégica ha sido
también aplicada a instituciones públicas. La fase inicial de todo proceso de
planificación estratégica es el establecer un diagnóstico compartido acerca de
las fortalezas y debilidades de una situación, institución o región. Una de las
técnicas mas utilizadas en Chile es el llamado análisis FODA .
La metodología aquí
presentada trató de dar alguna luz sobre ese futuro deseado, mediante la
realización de un taller de balance FODA con representantes del sistema de
decisiones regional. En el taller participaron 18 personas (actores regionales
del sistema de toma de decisiones).
El trabajo tomó
como punto de partida la situación actual de la región en estudio y las
fortalezas y debilidades que ella presenta para el desarrollo de un sistema
regional de innovación. En esta parte se dividió a los asistentes en dos
grupos, presentándose luego los resultados de sus respectivas discusiones y
jerarquizando las fortalezas y debilidades detectadas.
En una segunda
etapa, se realizó un trabajo de motivación para verbalizar en conjunto con
todos los asistentes las características que debiera tener la región soñada, en
vista a generar y dinamizar las redes de innovación tecnológica. Los aspectos
mencionados también fueron jerarquizados.
Finalmente,
contrastando la región actual con la región soñada, se identificaron las
potenciales amenazas y oportunidades que se le presentan a la Región del
Libertador.
La
posibilidad de detectar focos de innovación
Tomando como
antecedente el diagnóstico inicial realizado, se seleccionaron 7 focos de
innovación tecnológica (FIT) significativos para la región[30],
según criterios que son explicados más adelante. Al interior de los FIT se
realizaron entrevistas con personas que ocupan puestos directivos, las cuales
fueron acompañadas de visitas a terreno para conocer los niveles tecnológicos
de las planta o instalaciones respectivas. La información recopilada permite
describir las principales características de las innovaciones introducidas, los
factores claves para que ellas se pudieran llevar a cabo (asociatividad,
relación público/privada, entre otros), sus principales impactos a nivel
regional y sus relaciones con otros actores (educacionales, municipales,
políticos).
Se optó por definir a los FIT como “situaciones” innovadoras, puesto
que dicho concepto es lo suficientemente amplio como para dar cuenta de las
dinámicas reales de la innovación tecnológica. A través de él, todos los casos
(desde el innovador solitario hasta la empresa privada emprendedora, pasando
por los programas de fomentos tecnológico estatales) podían quedar incluidos,
siempre que hubiese algún grado de evidencia empírica con respecto a la
importancia de las innovaciones introducidas para la región. La flexibilidad
del concepto tiene la ventaja de que permite observar efectivamente la
complejidad y diversidad de las formas en que se innova, junto con dar espacio
para centrarse en el carácter social y sistémico de la innovación.
Sin embargo, no cualquier iniciativa novedosa puede ser
operacionalizada como “innovación tecnológica”. Los límites estuvieron dados
por los criterios de selección, orientados a detectar aquella “innovación
tecnológica que pueda tener un efecto dinamizador de la actividad económica y
que produzca sinergias hacia la región en su conjunto”.
§
Nivel de inversión tecnológica que
ellos involucran
§
Magnitud del salto tecnológico
introducido
§
Escala de la innovación
tecnológica (local, regional, nacional o internacional)
§
Ubicación de la IT en el ciclo de
producción (valor agregado por la innovación)
§
Tipo de innovación (producto,
proceso, gestión)
§
Mejoramiento del capital humano,
generado desde el FIT
§
Impacto en la generación de
empleos
Cómo observar la morfología de las redes
Como hemos visto, las redes son definidas como “un nudo de
relaciones entre actores que se benefician de pertenecer a ellas[31]. En el caso de la innovación,
las redes ayudar a inducir y a difundir los cambios tecnológicos y facilitan el
traspaso de conocimientos y experiencias acumuladas tácitamente (know-how)
entre los actores participantes. El principio de la cercanía en que se basan
las redes genera externalidades positivas sobre el territorio en que ellas se
emplazan, tanto en el plano económico (reducción de los costos de transacción),
como político (gobernabilidad de los clusters), y socio-cultural (creación de
confianza entre actores y fortalecimiento de identidades regionales).
Para diagnosticar la situación
de las redes de actores de la región estudiada y su aporte al SRI, consideramos
una tipología de redes que contempla los siguientes tipos:
a) Red tipo estrella: Red horizontal con un
centro claramente definido en torno del cual se van configurando el resto de
las relaciones. Al deshacerse el nudo central se desarma toda la red. La clave
del funcionamiento de este tipo de red no es la jerarquía, sino la referencia
de todas las comunicaciones entre los actores al centro.
b) Red de distribución: Se asemeja al modelo del
“chorreo económico”. A partir de un punto más “virtuoso” que el resto se
produce una acumulación tal de conocimiento que éste tiende a desbordar “hacia
abajo”. La difusión tecnológica ocurre como externalidad no planificada, no
como producto de una política deliberada.
c) Red tipo árbol: La red se inicia en un punto
desde el cual se ramifican nuevas sub-redes. Un ejemplo son las políticas
exitosas de desarrollo de proveedores, donde a partir de un cliente principal
se desprenden prestadores de servicios que a su vez se convierten en clientes
de otros. Las redes alejadas del tronco principal pueden prolongarse como
clusters “hacia adelante”: toda rama puede convertirse potencialmente en tronco
para otras ramas.
d) Red tipo malla: Su principal característica es
la horizontalidad y la ausencia de centros claros. Cualquier punto de la red
puede concentrar hacia sí las relaciones con otros puntos, para luego aflojar
dicha tensión y deshacer su nudo. El sello de estas redes es la flexibilidad:
potencialmente todos pueden estar relacionados con todos. Pero de allí deriva
también su debilidad: es muy difícil establecer visiones de futuro compartidas
entre los actores.
e) Red tipo polo: A diferencia de las redes tipo
árbol, aquí resulta difícil intercambiar las posiciones de “tronco” y “rama”.
Estas redes suelen generarse producto de políticas deliberadas. Desde un “punto
virtuoso” de la red se van integrando puntos lejanos que reciben los beneficios
de ligarse al polo, pero quedando en una posición subordinada a éste. Estas
redes no suelen ser una buena palanca para propiciar el desarrollo autónomo de
nuevas redes.
DIAGRAMA:
TIPOLOGÍA DE REDES
![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Red Tipo Estrella: |
Red
Tipo Malla:
|
![]() ![]() |
Red
Tipo Polo:
|
![]() |
|
Cuadro extraído de Orgogozo, I. “Les
réseaux, une nouvelle répresentation de l’espace social”, Geneve, l997.
La
conectividad de los actores
Con respecto a la
morfología de las redes regionales de actores, nuestra metodología propone un
cuestionario para la descripción de redes de comunicación entre actores[32].
A partir del análisis de los datos se ha creado un índice sociográfico, que
hemos denominado de conectividad, que mide el grado de integración de los
diversos actores a las redes regionales de su entorno, según el número y la
frecuencia de comunicaciones que sostiene con otros actores. Sería posible,
perfeccionando este instrumento, y analizando sus datos de manera comparada con
otras regiones, establecer los diferentes niveles de densidad de los niveles
meso regionales, y dar pistas acerca de sus respectivos potenciales de
desarrollo endógeno.
Desde un punto de
vista técnico, hay que señalar que el cuestionario no menciona explícitamente
el concepto de innovación, consultando, en cambio, por la frecuencia de la comunicación
que se produce entre los diferentes actores[33].
Esto obedece a una opción teórica de los consultores. Tratándose de difusión de
las innovaciones, existen dos perspectivas principales. Una de ellas se centra
en la innovación como un objeto de características específicas, que más que
difundirse se “traduce” de unos actores a otros[34].
La red de innovación, en esta perspectiva, funciona de manera análoga a los
mecanismos de intercambio lingüístico entre un idioma y otro, generando códigos
que permitan entender al otro. Nuestra perspectiva, sin embargo, es otra,
interesándonos, más bien, describir las redes de comunicación que abren a los
individuos a la innovación.
En los países en
desarrollo se ha demostrado que el grado de innovación (innovativeness)
está directamente ligado al grado de apertura (openess) a la
comunicación de los individuos de una comunidad. Así, si en la India las
pastillas anticonceptivas no se difunden tan bien como un híbrido de maíz, esto
es explicable por las redes de comunicación en las cuales las mujeres y los
hombres de los pueblos están sumergidos, estando las primeras más aisladas que
los segundos. La red comunicacional se vuelve la llave de comprensión de la
conducta de los individuos[35].
En esta
perspectiva, para la descripción de las redes de actores regionales a través de
las cuales podría “transitar” la innovación, se buscó reconstruir las
conexiones comunicacionales de los diversos encuestados con otros actores de la
región, sin profundizar en los contenidos de dichas conexiones. Así, el cuestionario
permitió obtener una visión de la forma empírica de la malla regional, en tanto
las fases previas (entrevistas, focos de innovación, balance FODA) dieron luces
sobre los contenidos, mecanismos y códigos utilizados para la asimilación y
difusión de tecnologías[36].
4. RESULTADOS
A continuación se
presenta una síntesis de los principales resultados obtenidos a través de la
aplicación de la metodología presentada, para el caso del SRI de la Región del
Libertador Bernardo O’Higgins[37].
DIAGNÓSTICO
INICIAL: UNA RECONVERSIÓN EXITOSA en un entorno meso débil
En base a los datos
secundarios existentes con respecto al perfil económico-productivo, la
situación social, la oferta educacional y de capacitación, y los proyectos
públicos de fomento a la innovación a escala regional, se realizó una
caracterización general de la región. Estos datos se combinaron con una visión
de la historia del territorio en estudio, para observar su capital
socio-cultural acumulado.
Minería
y agricultura: una historia de cohabitación
Los territorios tienen
historia y esa memoria del pasado que se mantiene como herencia socio-cultural,
constituye un valioso capital social que eleva las posibilidades de desarrollo
futuro. En el caso de la Región del Libertador, ésta se caracterizó desde hace
mucho tiempo por combinar una fuerte y tradicional presencia minera con un
sector agrícola en crecimiento.
A
fines del siglo XIX, empezó un constante y progresivo crecimiento económico
basado en la producción de cobre del mineral El Teniente, la mayor mina
subterránea del mundo. Esta intensa actividad económica trajo consigo la
llegada a fines del siglo XIX del ferrocarril a la región. Paralelo a esta
actividad productiva, en la VIª se configuró un potente mundo rural, cuna de la
cultura huasa y de muchas de nuestras más originales tradiciones.
De este modo, junto
con la importante producción de cobre orientada al mundo, se desarrollaron
cultivos tradicionales orientados al mercado interno. Así mismo, a la par con
el núcleo de cultura obrera generado en torno al mineral, se desarrollaron
relaciones sociales emanadas de los grandes latifundios rurales. Entre ambas
facetas, sin embargo, el grueso del capital social que posee hoy en día la
Región de O’Higgins parece radicar en el agro. La minería, a pesar de los
esfuerzos realizados por inscribirla en la región, en la práctica funciona como
un enclave que no sólo deja beneficios en su entorno más cercano. La
agricultura, en cambio, crea sinergias sociales, culturales y económicas que
abarcan todo el territorio regional. Su historia va desde los extensos predios,
relaciones sociales fuertemente paternalistas y la producción de cultivos
tradicionales, hasta las unidades productivas medianas, estilos de gestión más
profesionales y la introducción de innovaciones tecnológicas, en algunos casos
incipientes y en otros, ya consolidadas.
En los últimos
años, la Región de O’Higgins ha vivido un proceso exitoso de reconversión de su
vocación principal, la agricultura, desarrollando actividades dinámicas de
carácter agroindustrial, ligadas a la fruticultura, la horticultura, la
avicultura y la vitivinicultura. Además en sus centros urbanos, particularmente
en la capital regional Rancagua, se observa el auge de los sectores de
servicios y comercio.
Los hitos recientes
más importantes para la agricultura han sido la Reforma Agraria (década del
‘60), con las implicancias económicas, sociales, políticas y culturales que trajo consigo, y la adopción de un modelo
económico orientado hacia la exportación y apertura a los mercados internacionales
(mediados de los ‘70), lo cual generó nuevos desafíos para la competitividad
de la región. Más recientemente, en los
‘90 las políticas estatales de fomento han densificado el tejido productivo y
reforzado la inserción externa.
Su
situación actual
Su trayectoria
histórica ha llevado a que el territorio de la Región del Libertador presente
en la actualidad ciertas características económicas, productivas y sociales,
reflejadas en varios indicadores cuantitativos, que dan cuenta del contexto en
el que se desarrollan los proyectos de innovación tecnológica. Estas
características son:
§ Una región predominantemente agrícola: en la
región se ha desarrollado un sector agroindustrial muy dinámico. A partir de
1992, la participación del sector silvoagropecuario en el PIB regional ha
superado a la del área minera, tradicionalmente predominante. La clave para el
crecimiento del sector agrícola ha sido la modernización de empresas que
estaban dedicadas a cultivos tradicionales o sin mayor procesamiento,
aumentando el valor agregado de sus productos mediante la introducción de
tecnología de punta a los procesos productivos.
§ Un tejido productivo compuesto de microempresas: según datos de 1993, del total de empresas que existían en la VI
Región (23.032), un 86% eran microempresas, alrededor de un 12% eran empresas
pequeñas y un sólo un 2% eran empresas medianas o grandes [38].
§ Una tasa de crecimiento insuficiente: a pesar
de contar con el mineral de cobre subterráneo más grande del mundo, y del auge
del sector agroindustrial exportador, el PIB de la Región del Libertador sólo
creció de 169,21 mil millones de pesos en 1985 a 293,82 mil millones en 1996[39],
lo que significó un incremento de un 74%, bastante inferior al 111% nacional.
§ Un nivel de desocupación levemente inferior al promedio nacional: la región terminó 1997 con una tasa
de un 3,6%, lo que significó un avance con respecto al 5,0% con que terminó
1996 y al 4,6% de 1995. Sin embargo, según la estimación del INE para el
trimestre Junio-Agosto de 1998, la desocupación ha vuelto a elevarse hasta un
5,1%.
§ Una pequeña disminución de la pobreza e indigencia: desde el
punto de vista de sus indicadores sociales, se observa una situación de leve
mejoría con respecto a 1990, pero de retroceso con respecto a 1992. El
número de indigentes, que se había reducido de 96.060 a 47.291 hacia 1994,
volvió a crecer hasta 66.179. A su vez, el número de pobres no indigentes, que
había disminuido de 177.040 a 161.492, se elevó a las 176.602 personas.
§ Nivel educacional: analfabetismo elevado y baja escolaridad: según datos de
1994, la región tenía la tercera mayor tasa de analfabetismo en el país, tras
la VIIª y la IXª. En la Región del Libertador 8,57 de cada 100 personas eran
analfabetas, bastante más que el promedio nacional de 5,4 por 100. Por su parte, en 1993 la escolaridad de sus
habitantes era de 8,11 años, menos que el promedio nacional de 9,38 años. Sin
embargo, la brecha entre región y país se ha reducido en los últimos años, como
se refleja en el ascenso de O'Higgins desde el último lugar en 1988 al noveno
en 1993, dentro del ranking de las regiones según niveles de escolaridad.
§ Una inversión pública con altibajos: la inversión pública casi se cuadruplicó
entre 1988 y 1994, pasando de $8.900 millones a
$34.400 millones. Sin embargo, en el último año hay
un descenso, que hace disminuir la participación de la región en la inversión
pública total de un 6% a un 5%.
§ Una región sin centros científico-tecnológicos: la Región del Libertador, junto con la undécima, es la única que no
registró ningún centro científico tecnológico en el “Directorio Nacional de
Centros Científicos y Tecnológicos 1997”, editado por el Programa de Innovación
Tecnológica[40].
Además, las carreras ofrecidas por los centros de educación superior no están
muy ligadas a las demandas del aparato productivo regional.
§ Una oferta de capacitación insuficiente: el porcentaje de utilización de
la franquicia SENCE en la sexta región es bajo en comparación al promedio
nacional. Sólo el 4,6% de los ocupados y un 5,6% de los trabajadores
dependientes fueron capacitados durante 1996. Además, el perfil de los cursos
impartidos es muy similar al nacional, sin tener alguna particularidad ligada a
las demandas productivas de la región. Los cursos pertenecen mayoritariamente
al área de ciencias y técnicas aplicadas y al de administración.
§ Apoyo a la innovación tecnológica: existen varios proyectos de innovación que afectan
a la sexta región, sin embargo, no existe una capacidad instalada propia que se
haga cargo de ellos. En FONDEF(1992 y 1993) no hubo ningún proyecto ejecutado
por alguna institución de la sexta región. De los 6 proyectos FDI que afectan a la región, 5 son llevados a cabo por instituciones
de la Región Metropolitana y el restante, por una de la V Región. De 12
proyectos FIA sólo 3 son ejecutados desde la sexta región. Sólo los proyectos
FONTEC han experimentado un alza importante, pasando de 4 en 1997 a 14 en 1998.
Todos ellos son ejecutados por empresas de la región, pero con el apoyo de
centros universitarios externos.
Desafíos
de futuro
Tenemos, pues, un
cuadro regional donde la minería y la agricultura son protagonistas
principales. En la evolución de ambas actividades puede verse la representación
del doble perfil que caracteriza a la VIª región, por una parte orientada
“hacia adentro” y por la otra “hacia afuera”. Es posible que esta dualidad, a
veces convertida en tensión, influya sobre la vida regional y refuerce la
tendencia a su falta de perspectiva estratégica de mediano y largo plazo.
Por ejemplo, en un
contexto en que la minería regional ha iniciado una etapa de decaimiento,
frente a una agricultura cada vez más dinámica y con polos exportadores que
impulsan una reconversión de corte agroindustrial, muchos agricultores sin
embargo se resisten a la posibilidad de una apertura más radical del agro a los
mercados internacionales. Por su parte, la minería, que históricamente ha
“mirado al mundo”, no logra engarzar de manera más firme con su entorno
territorial y humano más directo.
Otra tarea que
deberá enfrentar la Región del Libertador es aumentar los niveles de
integración interna entre las diferentes micro-regiones que la componen: la
cordillera, cuya vocación principal es la minería; el valle central, cuya
vocación es la agricultura intensiva o agroindustria; y el secano costero, cuyo
potencial de desarrollo no está claro y cuya población presenta elevados
índices de pobreza e indigencia.
Así, podemos señalar que los principales desafíos
productivos de la región, hoy en día, son:
§ consolidar la industria agro-exportadora,
§ generar complejos productivos, impulsando el desarrollo de proveedores
locales (por ejemplo, en torno de la minería),
§ promover innovaciones que eleven la productividad y calidad, para
competir en condiciones ventajosas en los mercados externos.
A éstos debiera sumarse un desafío
social:
§ integrar el secano costero al desarrollo regional
Sin embargo, en una
primera mirada, se observa que para hacer frente a estos desafíos, el SRI de la VIª Región muestra varias debilidades,
entre ellas:
(a)
una baja articulación entre sector
privado y público;
(b)
la inexistencia de centros
científico-tecnológicos regionales;
(c)
escasez de oferta de consultorías
y asesorías técnicas de la zona;
(d)
oferta de capacitación de la
región es insuficiente para las demandas productivas;
(e)
cercanía a la Región
Metropolitana, que opera como “aspiradora” de la masa crítica regional, y torna
a la VI Región en un “corredor”;
(f)
carencias en cuanto a la
asociatividad entre privados;
(g)
ausencia de organizaciones
empresariales verdaderamente representativas;
(h)
baja articulación del sector
público del nivel central con las demandas de desarrollo local de los
municipios;
(i)
falta de liderazgos regionales
claros.
visión
estratégica: COMPATIBILIZAR EL DESARROLLO AGROEXPORTADOR CON LA CALIDAD DE VIDA
A partir del
diagnóstico inicial planteado a los actores regionales, se elaboró un documento
de discusión dirigido a un grupo seleccionado de actores regionales que ocupan
puestos directivos tanto en el área pública, como privada y educacional. El
documento se utilizó para motivar la realización del taller de visión
estratégica.
El taller se inició
con una metodología participativa de caracterización de la situación regional
actual, con sus fortalezas y debilidades, el que arrojó los siguientes
resultados:
CUADRO: FORTALEZAS Y DEBILIDADES PARA LA
INNOVACIÓN, REGIÓN DEL LIBERTADOR
|
¿Qué ventajas comparativas presenta hoy en
día la
VI Región para generar un sistema de
innovación tecnológica?
|
DEBILIDADES
¿Cuáles son las características de la VI
Región que dificultan u obstaculizan
el desarrollo de un sistema de innovación?
|
|
§
Sector
frutícola como foco de innovación (12)
§
Buena
infraestructura productiva (8)
§
Vocación
exportadora (7)
§
CODELCO
como foco de innovación (6)
§
Existencia
de centros de investigación y formación (INIA, INACAP) (5)
§
Disponibilidad
de recursos para capacitación (5)
§
Redes de
articulación en el sector público (4)
§
Alta
capacidad profesional (3)
§
Recursos
humanos con capacidad para generación de ideas (1)
|
§
Carencia
de una universidad regional (9)
§
Falta de
coordinación entre demanda y oferta de capacitación (9)
§
Falta de
difusión y transferencia de las innovaciones introducidas (7)
§
Ausencia
de redes de apoyo y seguimiento a la innovación (7)
§
Inexistencia
de organizaciones fuertes y representativas del sector privado (6)
§
Escasez
de investigación aplicada (5)
|
Fuente: Taller de Balance FODA realizado con
actores regionales
La percepción de
los actores participantes del taller es que la región cuenta con un buen punto
de partida para innovar, tanto en recursos como en capacidad productiva
instalada, pero no tiene un tejido entre actores que le permita generar
sinergias y dinamizar dicho background. Una frase, bastante repetida en la
reunión, fue “tenemos innovación, pero faltan las redes”.
En una segunda
etapa del taller, se realizó un trabajo de motivación para verbalizar en
conjunto con todos los asistentes las características que debiera tener la
región deseada, en vista a generar y dinamizar las redes de innovación
tecnológica. Los aspectos mencionados fueron:
CUADRO: HORIZONTE SOÑADO PARA LA INNOVACIÓN,
REGIÓN DEL LIBERTADOR
¿Cómo es la
región que deseamos para el 2010?
§ Con una universidad regional (7)
§ Con un sistema educacional que fomente la
capacidad innovadora (5)
§ Ambientalmente limpia y bella: un “jardín
agronómico”, que se caracterice por sus avances en biotecnología (4)
§ Con una población alegre y cálida, que atraiga
turistas durante todo el año (4)
§ Con una sociedad civil dialogante (3)
§ Que realice exportaciones con mayor valor
agregado (2)
§ Con identidad cultural (2)
§ Cuyos productos puedan reconocerse por su
denominación de origen (1)
§ Que sea una región conectada con el mundo (1)
Fuente: Taller de Balance FODA realizado con
actores regionales
Aquí vuelven a
repetirse aspectos antes ya mencionados, como el tema de la universidad
regional y de la oferta educacional de la zona. Sin embargo, aparecen también
nuevos elementos que son interesantes de destacar, puesto que se relacionan con
una dimensión más subjetiva: el cuidado medioambiental, la alegría y calidez de
su gente y la capacidad de diálogo de su sociedad civil.
¿De qué manera este
tipo de factores podría contribuir a la innovación? Por una parte, a partir del
desarrollo y refuerzo de estas características se facilita la creación de
redes, puesto que se genera una cierta densidad cultural regional. Una región
con un sello e identidad clara tiene mejores posibilidades de trabajar en
conjunto y de abrirse al cambio que una región desperfilada. Por otra parte, en
base a una región bella, limpia, amable y dialogante se puede desarrollar una
imagen corporativa regional, que la posicione de manera atractiva para los
inversionistas privados. Así, la región puede atraer innovación y know-how, de
la misma manera que intensifica sus lazos para dar a conocer afuera los que se
está haciendo dentro de ella (por ejemplo, promoviendo la denominación de
origen de sus productos).
En suma, a la
constatación del alto dinamismo del aparato productivo del sector
agroindustrial se agrega una demanda fuerte por una mejor calidad de vida, es
decir, por la generación de externalidades positivas para la sociedad regional
en su conjunto. Para esto, se percibe que el fortalecimiento de las redes (a
nivel “meso”) es un elemento fundamental.
Por último, en una
tercera etapa, contrastando la región actual con la región deseadada, se
identificaron las amenazas y oportunidades que se le presentan a la Región del
Libertador.
CUADRO: FORTALEZAS, OPORTUNIDADES, DEBILIDADES
Y AMENAZAS PARA LA INNOVACIÓN,
REGIÓN DEL LIBERTADOR
![]() |
Fuente: Taller de Balance FODA realizado con actores regionales
Es interesante
observar como varios elementos aparecen simultáneamente en casilleros
distintos, lo cual implica reconocer que la región como tal, y sus diversos
componentes y características, no son “productos terminados” sino más bien una
“obra en construcción” que puede seguir múltiples caminos y cursos de acción.
Así, por ejemplo,
CODELCO aparece como una fortaleza en tanto foco de innovación, pero
simultáneamente se percibe como amenaza el agotamiento del mineral de El
Teniente. Por su parte, la empresa minera parece haber tomado conciencia de
esta situación y ha impulsado el proyecto de una “Corporación de Desarrollo
Regional”, lo cual es reconocido como una oportunidad para la región.
Otro ejemplo es la
falta de una universidad regional, que aparece como debilidad, pero cuya
contracara es la oportunidad que significa la existencia de varias sedes
regionales de universidades a las cuales se les podría sacar mejor provecho.
También la vocación exportadora de la región (que es vista como fortaleza)
lleva implícita la amenaza de una caída de los mercados externos y el
consiguiente aumento del desempleo.
Aparte de los
factores ya mencionados, para alcanzar el “horizonte regional 2010” se observan
como oportunidades algunos planes y programas ya previstos en la
legislación e institucionalidad actualmente vigente. Tal es el caso de la
reforma educacional, que se considera una poderosa herramienta que se puede
aprovechar para potenciar la capacidad innovadora de los estudiantes y
docentes, de la regulación ambiental, que con su correcta aplicación permite
prevenir riesgos de contaminación ambiental, y de la renovación de los planos
reguladores, que ayuda a que la región y sus ciudades se proyecten como
“limpias, bellas y amables”.
Por su parte, las
principales amenazas son la llegada de factores contaminantes de
Santiago [41], el
agotamiento del El Teniente, la caída de los mercados externos, el aumento del
desempleo (ya nombrados), y la desconfianza entre los actores regionales. Es
importante subrayar este último factor puesto que una región con visión común
requiere previamente la creación de confianza, tema altamente tratado a nivel
nacional. La concertación social y la gobernabilidad regional presuponen una
situación en que los diversos actores se reconocen entre sí con transparencia y
asumen la posiblidad de colaborar para lograr objetivos comunes.
La
senda que efectivamente recorra la Región del Libertador dependerá de las
decisiones que sus propios actores adopten: si crean redes o actúan
individualmente, si generan una visión común o se orientan por intereses
particulares, si sólo mantienen la situación actual o definitivamente innovan.
Este es el futuro que se encuentra abierto, los escenarios los construirá la
misma región.
focos
de innovación tecnológica
El ejercicio de
visión estratégica realizado permitió entender la problemática global de la
región, desde la perspectiva de sus propios sujetos, para constituirse en un
territorio que potencie sus fuerzas endógenas, entre otros, a través del
fortalecimiento d e un SRI.
Pero la metodología
aplicada se preocupó también de estudiar casos concretos de innovación, que
fueran interesantes por su potencial sinérgico, determinado según los criterios
que se explicaron anteriormente. A estos casos se les llamó focos de innovación
estratégica (FIT), definidos como “aquellas situaciones en las cuales un
grupo o red de actores ha generado alguna innovación tecnológica que pueda
tener un efecto dinamizador de la actividad económica y que genere sinergias
hacia la región en su conjunto”.
El estudio de los FIT se hizo en base a
entrevistas con algunos de sus directivos y visitas a terreno, para conocer sus
plantas e instalaciones. Allí, se indagaron los siguientes temas:
§ Visión general de la región
§ Caracterización general de la(s) empresa(s)
§ Características de la innovación tecnológica
§ Historia de la innovación
§ Valor agregado e impactos de la innovación
§ Vínculos regionales
§ Redes de actores
El análisis de los
FIT seleccionados arrojó los siguientes resultados:
Foco
1: Industria procesadora de tomate para exportación
§ La relación entre el FIT y sus
proveedores se asemeja bastante a la forma de una estrella, donde el centro es
la empresa. La debilidad de esta forma de red para el desarrollo regional es
que genera dependencia para los pequeños agricultores: si el FIT desapareciera,
ellos se verían enfrentados a serias dificultades económicas, tecnológicas y
sociales, pese a que existe la posibilidad de trabajar para otras empresas
procesadoras de tomate o cambiar de cultivo.
Foco
2: Industria tomatera orientada al mercado nacional
§ Este FIT puede ser caracterizado como una “red tipo estrella”, con dos
aspectos que lo diferencian del anterior: (a) por su tamaño se trata de una
estrella más densa, con mayores ramificaciones y que genera un mayor número de
vínculos sociales con productores agrícolas de la región; (b) los límites entre
la red estrella (FIT) y la “gran red” de actores regionales son menos rígidos,
es más fácil traspasarlos. Por ello, existe un potencial de difusión
tecnológica más elevado.
Foco
3: Empresa avícola con un proceso productivo integrado
§ En este caso, la red de actores, considerando la dimensión netamente
tecnológica, corresponde a una red de distribución: no existe una política
deliberada de difusión o transferencia, pero ésta igual ocurre como
externalidad, por “chorreo”. En el plano de extensión, en cambio, estamos ante
la presencia de una red tipo polo, que crea, produce y se conecta con puntos
distantes que favorecen a la comunidad regional (colegios, universidades,
gobierno regional, entre otros), aunque dichos linkages, pese a su relativa
autonomía, siempre están ligados a su fundador y fuente original.
Foco
4: Zona de “viñas boutique”
§ En este FIT, las viñas han
conformado entre sí, y con respecto a los actores provinciales, una red
informal tipo malla. No se perciben centros claros ni existe un solo polo de
desarrollo, un sólo “tronco”, o una sola red de distribución. Más bien, la
clave del éxito del foco ha radicado en las múltiples coordinaciones
horizontales entre actores (gobierno provincial, municipios, viñas, empresarios
privados). Sin embargo, la gran debilidad de la malla generada es su
informalidad, que podría operar en contra de su sustentabilidad a escala
regional.
Foco 5:
Centro de certificación de plantas libres de virus
§ La red en la que se encuentra inserto este foco es pequeña en
comparación con los casos antes analizados. Su forma se asemeja a una estrella
de tamaño menor (en cuanto a conexiones regionales) que tiene una conexión con
otra estrella mayor (CORFO) de la cual se nutre. De algún modo, la “estrella
mayor” funciona como un polo que facilita la existencia de la “estrella menor”.
Foco
6: Planta en que se fabrica un nuevo producto para alimentación animal
§ Comparado con el caso anterior, este foco tiene acceso a una red más
densa y más extensa, por lo tanto, la posibilidad de difusión tecnológica es
mayor. La planta de roleados es un nodo destacado dentro de una red que en su
conjunto constituye una importante malla regional de agricultores y productores lecheros, con
conexiones con el sector público. La planta abre la posibilidad de crear un
polo de conocimiento exportable (dadas sus conexiones con centros universitarios
y de investigación), con lo cual pasa a beneficiar directamente a la malla en
que se inserta, e indirectamente, a la “gran malla” de actores regionales.
Foco
7: Programa de certificación de calidad ISO 9000 para PYME
§ En torno a este foco de innovación está recién comenzando a
estructurarse una red. Actualmente sólo existen conexiones débiles entre los
actores involucrados, aunque el nexo común entre ellos son SERCOTEC y la
empresa de certificación. Sin embargo, podríamos caracterizar a esta incipiente
red como una estrella, en cuyo centro se encuentran los dos actores ya
mencionados y en cuyas prolongaciones se encuentran las 4 PYME. Su
potencialidad mayor podría estar en convertirse en una malla más horizontal
entre ellos (por ejemplo, vía la conformación de un PROFO orientado a la
calidad).
Los focos de
innovación detectados pueden llegar a ser agentes de cambio regional, en la
medida en que establezcan redes entre sí y con otros actores. De todo modos, se
encuentran en un posición ventajosa, debido a que poseen ciertas
características distintivas en común :
§ Su visión estratégica (son pioneros en sus ámbitos)
§ Su potencial de desarrollo futuro (en su negocio principal)
§ La fuerte integración en su territorio (con o sin apoyo público)
§ Una innovación que puede trascender a la región (exportación de
know-how)
§ Posibilidad de incrementar sinergias, en base a mayor articulación
entre ellos
Redes
regionales de actores:
Posterior al
análisis de los FIT, se pasó al nivel de análisis más general, del SRI en su
conjunto, dirigido a describir la morfología de sus redes de actores, en otras
palabras, aproximarse al nivel de densidad de su entorno meso.
Para conocer las
redes que operan, se distinguieron 4 tipos de actores regionales: los del
sector público, los privados, los educacionales y los municipales. En base al
análisis de los cuestionarios, se establecieron los niveles de densidad interna
de cada red y externa, con respecto al total de actores.
a)
Redes públicas
Las redes de
comunicación dentro del sector público regional son bastante densas y los más
conectados son SERCOTEC, CORFO y la SEREMI de Economía, lo que es altamente
relevante para la innovación y el fomento productivo. Llama la atención la
también alta conectividad de la Intendencia Regional, a diferencia de las
gobernaciones provinciales, lo que puede ser un signo de centralismo
intrarregional. CODELCO, FOSIS, ProChile y SENCE son otros organismos altamente
conectados.
A diferencia de los
casos anteriores, resulta sumamente preocupante la baja conectividad de INIA,
INDAP, SAG y CONAF, puesto que todos ellos son oficinas públicas ligadas al
área predominante en la región (agrícola) y debieran, por ende, estar más
integrados a sus redes comunicacionales.
La conectividad del sector
público con el sector privado es baja: la norma general es que los públicos se
relacionen fundamentalmente con los públicos, creando una vasta red tipo malla.
Los organismos públicos que aparecen como más vinculados al sector privado (es
decir, que la participación relativa de los actores privados dentro de su
índice de conectividad es superior al porcentaje que ellos representan en la
muestra) son ProChile, INIA y Obras Públicas. Junto con fortalecer las
relaciones con los privados en el resto del sector público, se podría
aprovechar las redes que ya existen a través de estos tres servicios.
Los servicios públicos más conectados con las redes
educacionales son Minería, Educación, COREMA y SENCE. Además, resulta
interesante el vínculo elevado entre CODELCO y los actores educacionales. Entre
estos 5 puntos de la red pública debieran generarse mayores articulaciones en
vistas a fortalecer el déficit de la oferta educacional superior de la región.
Por último, los nexos entre el sector público y el
sector municipal, en general, son débiles. Los que se relacionan con mayor
frecuencia con dicha malla son la Gobernación de Cachapoal, SERPLAC y FOSIS.
Cabe hacer notar que el promedio de conectividad del
sector público es el más alto de todos los sectores (6,45). Esto puede estar
influido por el hecho de que la mayoría de los encuestados pertenecían a ese
sector. De todos modos, esta tendencia es congruente con las observaciones
cualitativas de que existe una densa red de actores públicos en la región,
articulados en torno a iniciativas que buscan elevar el perfil de la región,
cuyo ejemplo más claro es la redefinición de la estrategia de desarrollo
regional.
CUADRO: ÍNDICE DE CONECTIVIDAD A REDES DE
COMUNICACIÓN
SECTOR PÚBLICO, REGIÓN DEL LIBERTADOR
|
|
|
COMPOSICIÓN
PORCENTUAL DEL ÍNDICE [42]
|
COMPOSICIÓN
ABSOLUTA DEL ÍNDICE
|
||||||
|
INSTITUCIÓN
|
ÍNDICE
|
Públic.
|
Privad.
|
Educa.
|
Munic.
|
Públic.
|
Privad.
|
Educa.
|
Munic.
|
|
SERCOTEC
|
14
|
57%
|
21%
|
14%
|
7%
|
8
|
3
|
2
|
1
|
|
CORFO
|
13
|
62%
|
31%
|
0%
|
8%
|
7
|
4
|
0
|
1
|
|
SEREMI DE ECONOMÍA
|
13
|
62%
|
15%
|
15%
|
8%
|
8
|
2
|
2
|
1
|
|
INTENDENCIA
|
11
|
64%
|
9%
|
18%
|
9%
|
7
|
1
|
2
|
1
|
|
CODELCO
|
9
|
56%
|
11%
|
22%
|
11%
|
5
|
1
|
2
|
1
|
|
FOSIS
|
8
|
88%
|
0%
|
0%
|
13%
|
7
|
0
|
0
|
1
|
|
PROCHILE
|
7
|
57%
|
43%
|
0%
|
0%
|
4
|
3
|
0
|
0
|
|
SENCE
|
7
|
57%
|
14%
|
29%
|
0%
|
4
|
1
|
2
|
0
|
|
SEREMI DE AGRICULTURA
|
7
|
86%
|
14%
|
0%
|
0%
|
6
|
1
|
0
|
0
|
|
COREMA
|
6
|
50%
|
17%
|
33%
|
0%
|
3
|
1
|
2
|
0
|
|
SERPLAC
|
6
|
83%
|
0%
|
0%
|
17%
|
5
|
0
|
0
|
1
|
|
GOBERNACIÓN CACHAPOAL
|
5
|
40%
|
20%
|
20%
|
20%
|
2
|
1
|
1
|
1
|
|
INIA
|
5
|
60%
|
40%
|
0%
|
0%
|
3
|
2
|
0
|
0
|
|
SEREMI DE OBRAS PÚBLICAS
|
5
|
60%
|
40%
|
0%
|
0%
|
3
|
2
|
0
|
0
|
|
SEREMI DE TRABAJO
|
5
|
60%
|
20%
|
20%
|
0%
|
3
|
1
|
1
|
0
|
|
SAG
|
4
|
75%
|
25%
|
0%
|
0%
|
3
|
1
|
0
|
0
|
|
SEREMI DE MINERÍA
|
4
|
50%
|
0%
|
50%
|
0%
|
2
|
0
|
2
|
0
|
|
CONAF
|
3
|
100%
|
0%
|
0%
|
0%
|
3
|
0
|
0
|
0
|
|
INDAP
|
3
|
100%
|
0%
|
0%
|
0%
|
3
|
0
|
0
|
0
|
|
SEREMI DE EDUCACIÓN
|
3
|
67%
|
0%
|
33%
|
0%
|
2
|
0
|
1
|
0
|
|
GOBERNACIÓN CARDE CARO
|
2
|
100%
|
0%
|
0%
|
0%
|
2
|
0
|
0
|
0
|
|
GOBERNACIÓN COLCHAGUA
|
2
|
100%
|
0%
|
0%
|
0%
|
2
|
0
|
0
|
0
|
|
TOTAL
|
142
|
65%
|
17%
|
12%
|
6%
|
93
|
24
|
17
|
8
|
|
Conectividad
Promedio
|
6,45
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Fuente:
Cuestionario a actores regionales
b)
Redes privadas
A diferencia de la red del sector público, la red de actores privados
parece ser más débil (promedio=2,69) dentro de la región, un reflejo de lo cual
podría ser la inexistencia de organizaciones empresariales fuertes y
representativas. Sin embargo, entre los mismos privados se da una densidad
interesante de relaciones, que puede ser caracterizada como múltiples redes
tipo estrella, algunas de mayor tamaño que otras, que se conectan entre sí, generalmente
no a través de sus centros (empresas destacadas) sino de sus prolongaciones
(proveedores).
Desde el punto de vista de los privados, se vuelve a confirmar que los
puentes entre los públicos y privados en la Región del Libertador son escasos.
De la suma total de índices de conectividad, sólo el 26% corresponde a actores
públicos. La mayoría de los linkages (54%) proviene de los mismos privados.
Sólo un caso (Consorcio Viveros de Chile) revierte esta tendencia, puesto que
la mitad de sus conexiones son públicas y la otra mitad, privadas. De todos
modos, su índice de conectividad (=4) es demasiado pequeño como para sacar
conclusiones más generales.
Resulta muy interesante
observar que COPEVAL se ubica como el actor privado de mayor conectividad, puesto
que opera en la región como agente intermediador de CORFO. Es importante
también la conectividad de una gran empresa como Agrosuper, puesto que ello
ayuda a demostrar que, pese a ser una empresa bastante cerrada y con un proceso
productivo totalmente integrado, ella está inserta en la vida regional. La
innovación, por ende, tiene alguna oportunidad de difusión, especialmente si en
esta empresa se observa una alta conectividad con actores educacionales de la
región.
Otro dato que llama la atención es la baja conectividad
de las grandes empresas privadas como Nieto, Malloa, Nestlé, Maggi, Chilena de
Tabacos, etc. En este caso existe un desafío pendiente: dar a conocer en el
sector público todo el dinamismo que existe en ellas y acercar las actividades
que desarrollan los públicos hacia los grandes privados. Un sistema regional de
innovación, como pilar fundamental, requiere de una buena articulación
público/privada.
En este sentido, sería importante, por un lado,
incentivar la generación de conexiones entre los centros (y no sólo entre sus
prolongaciones), y por el otro, potenciar las relaciones con las organizaciones
regionales de empresarios.
CUADRO: ÍNDICE DE CONECTIVIDAD A REDES DE
COMUNICACIÓN
SECTOR PRIVADO, REGIÓN DEL LIBERTADOR
|
|
|
COMPOSICIÓN
PORCENTUAL DEL ÍNDICE
|
COMPOSICIÓN
ABSOLUTA DEL ÍNDICE
|
||||||
|
EMPRESA
|
ÍNDICE
|
Públic.
|
Privad.
|
Educa.
|
Munic.
|
Públic.
|
Privad.
|
Educa.
|
Munic.
|
|
COPEVAL
|
9
|
44%
|
56%
|
0%
|
0%
|
4
|
5
|
0
|
0
|
|
AGROSUPER
|
5
|
0%
|
20%
|
60%
|
20%
|
0
|
1
|
3
|
1
|
|
CESMEC
|
5
|
40%
|
60%
|
0%
|
0%
|
2
|
3
|
0
|
0
|
|
CONSORCIO VIVEROS CHILE
|
4
|
50%
|
50%
|
0%
|
0%
|
2
|
2
|
0
|
0
|
|
CHILENA DE TABACOS
|
2
|
0%
|
100%
|
0%
|
0%
|
0
|
2
|
0
|
0
|
|
FRUSAN
|
2
|
0%
|
100%
|
0%
|
0%
|
0
|
2
|
0
|
0
|
|
NIETO
|
2
|
0%
|
100%
|
0%
|
0%
|
0
|
2
|
0
|
0
|
|
EMBOTELLADORA ANDINA
|
1
|
0%
|
0%
|
0%
|
100%
|
0
|
0
|
0
|
1
|
|
INVERTEC
|
1
|
100%
|
0%
|
0%
|
0%
|
1
|
0
|
0
|
0
|
|
MAGGI
|
1
|
0%
|
100%
|
0%
|
0%
|
0
|
1
|
0
|
0
|
|
MALLOA
|
1
|
0%
|
0%
|
||||||












