PUNTO DE DISCUSION
EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL Y LA
EQUIDAD DE GENERO
Compilado por:
D. Sc. Marvin Melgar Ceballos
Consultor Internacional
Gestión, Planificación y
Ordenamiento Territorial
lomax.vision@gmail.com
1.
EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL Y LA EQUIDAD DE
GENERO
Los nuevos
paradigmas vinculados al ORDENAMIENTO TERRITORIAL, hacen concebirlo como la
plataforma para el DESARROLLO TERRITORIAL, partiendo de tratar de conocer e
interpretar un sistema abierto, complejo, multisectorial y mas importante aun
MULTIDIMENSIONAL.
Al pensar
que el ordenamiento territorial, eleva la MULTIDIMENSIONALIDAD DEL TERRITORIO
como la forma ideal de comprender la dinámica del territorio, es evidente que
la EQUIDAD DE GENERO debería de ser un patrón inherente en la evolución natural
de un proceso SANO Y COMPLETO DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL.
Lamentablemente
la mayoría de los proceso que se DENOMINAN DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL, son
ejercicios PARCIALES, SEGREGADOS, POCO INTEGRALES y CON UNA VISION MUY REDUCIDA
DE LA COMPRENSION DE LO TERRITORIAL.
La revisión
de los proceso de ORDENAMIENTO TERRITORIAL, desde el enfoque de género, busca
identificar los impactos diferenciados de la planeación territorial en hombres
y mujeres con el objeto de aportar propuestas para el desarrollo de UN
TERRITORIO más equitativa desde el punto de vista social y de género,
incluyente y sostenible, con base en un modelo de territorio beneficioso para
el conjunto de la ciudadanía. Es una oportunidad para debatir estrategias a
largo plazo, identificar vacíos y
plantear nuevas preguntas en relación a cómo viven ciudadanos y ciudadanas sus
interrelaciones cotidianas en el territorio.
Apostar a un
territorio sostenible, a la descentralización y la distribución equitativa de
servicios en el territorio; a disminuir los tiempos de desplazamientos de la
población, facilita las condiciones de vida de las mujeres y al mismo
tiempo aporta a un modelo de territorio
MULTIDIMENSIONAL que beneficia a todos.
Es necesario, por lo tanto, mirar integralmente la ciudad, sumar visiones y
encontrar puntos de contacto. Los cambios demográficos, de composición de los
hogares, las nuevas modalidades de trabajo y prácticas sociales, requieren pensar las políticas de vivienda,
de salud, de movilidad, de seguridad, de equipamientos y espacios públicos,
entre otras, desde un enfoque que
contemple la diversidad de la población y poder evaluar cuál es el modelo de
ciudad que permite responder de manera más eficaz, eficiente y equitativa a la
gente real que vive en ella.
El enfoque
de género no significa hablar sólo de igualdad de oportunidades entre mujeres y
hombres en abstracto, implica tener en cuenta los diversos colectivos que
componen la población, que usan y perciben la ciudad de forma diferente según
su inserción social, capacidades físicas, edades, grupos etáreos, diversidad
sexual, etnias, personas en condiciones de pobreza, y que tienen patrones de
movilidad diversa y distintas demandas de accesibilidad en el territorio.
Hablar de la población de la ciudad,
implica reconocer estos factores que la cruzan, ya que si no se reconocen las
especificidades de los distintos
colectivos no se puede pensar un PROCESO DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL que tenga
como objetivo la calidad de vida de la ciudadanía. (Revisión del método del POT
de Bogota Colombia)
2.
LA MULTIDIMENSIONALIDAD DEL TERRITORIO
El
desarrollo desde una perspectiva territorial, parte por reconocer la existencia
de relaciones dinámicas y complejas entre factores económicos, sociales,
culturales, ambientales y político-institucionales y tiene como objetivo
potenciar la sociedad rural y su contribución estratégica al desarrollo
regional.
Dicho
desarrollo se consolida mediante dos propósitos que se enmarcan en el concepto
de la nueva ruralidad: a) la cohesión social como expresión de sociedades
locales y regionales en donde prevalece la equidad, el respeto a la diversidad,
la solidaridad, la justicia social, la pertinencia, principalmente; y b) la
cohesión territorial, como expresión de espacios, recursos e instituciones.
Viabilizar éstos propósitos exige entender la complejidad de las relaciones
dinámicas del territorio y las particularidades de cada uno de los factores. El
enfoque territorial pone de manifiesto: a) el carácter multidimensional de los
territorios rurales, b) la necesidad de formular iniciativas con objetivos
múltiples e integrales, c) la necesidad de superar las inversiones sesgadas
hacia lo económico y d) la urgencia de establecer mecanismos institucionales
locales que promuevan un sistema participativo y abierto a formular propuestas
desde la base y en un sentido complementario con otros espacios territoriales.
En efecto y
desde el punto de vista de la gestión de proyectos de desarrollo, el gran
desafío que nos plantea dicho enfoque es cómo operacionalizar los factores
multidimensionales del territorio rural en continua transformación y en un
grado de incertidumbre. Este enfoque plantea la necesidad de relevar la
dimensión territorial como el espacio en donde se manifiestan los procesos y tendencias
del desarrollo; el espacio en donde se materializan las políticas como
expresión de relaciones de poder; contextualizar las propuestas para ámbitos
locales en escalas territoriales de mayor jerarquía; analizar el comportamiento
de los diversos agentes públicos y privados (locales, regionales, nacionales e
internacionales) como base para la gestión de propuestas e iniciativas. Estos
planteamientos ponen de manifiesto los actuales procesos de diferenciación
espacial donde cada territorio adquiere un papel económico-productivo y
socio-político sin sentido de complementariedad, los cuales vienen acentuando
las brechas de la exclusión económica y social de los grupos sociales, sobre
todo de los menos favorecidos como son las familias campesinas, las mujeres,
los jóvenes, entre otros, en los ámbitos locales y/o regionales.
De otro
lado, el enfoque territorial propone la necesidad de reevaluar la función de
los territorios rurales partiendo de una relectura de la relación urbano-rural
en función de las dinámicas económicas y de relaciones entre sus instituciones.
Se trata de redimensionar la existencia de un continuo urbano-rural,
reconociendo la existencia de centros y redes urbanas que cumplan funciones de
provisión de servicios a las actividades rurales, así como la función
proveedora de los ámbitos rurales hacia los centros urbanos. En ese sentido y
tomando en cuenta la capacidad de integración de las dinámicas locales y
regionales, la distinción de lo urbano y rural es irrelevante.
Este
redimensionamiento se basa en la necesidad de conocer y comprender:
· La complejidad del territorio en sus
relaciones dinámicas e interacción de sus factores territoriales;
· Los aportes de la economía rural al
desarrollo local y regional;
· La heterogeneidad espacial y socioeconómica
rural;
· La diversidad institucional y política de las
situaciones locales;
· La diversidad de los pisos ecológicos y las
diferencias entre ellas;
· La variedad y oportunidades que ofrece la
población rural;
· Los enlaces entre estas unidades (natural,
social, económico-productiva, institucional) con los procesos económicos de
niveles territoriales mayores.
Desde este
conocimiento, la perspectiva territorial del desarrollo rural aporta en la
formulación de propuestas centrada en las personas, que interactúan entre los
sistemas socioculturales y sistemas ambientales, y que contempla la integración
de productiva y el aprovechamiento competitivo de los recursos productivos que
favorezcan la cooperación y corresponsabilidad entre los actores sociales
-territoriales. El enfoque territorial visualiza al territorio como el espacio
estratégico para el desarrollo, trascendiendo de la problemática de la
distribución a la problemática de la creación de recursos, a la endogeneización
de los mecanismos de desarrollo. Desde una visión integradora asume al
territorio como unidades articuladas a una trama social y cultural más amplia,
trama donde se asientan los recursos naturales y que se manifiestan en formas
de producción, consumo e intercambio, que a su vez son administrados y
gestionados por instituciones y organizaciones existentes en el espacio local.
En este marco de referencia destacamos los siguientes aportes del enfoque
territorial para el desarrollo:
· Destaca las políticas/propuestas del
ordenamiento territorial como estrategia de sustentabilidad, autonomía y
gestión como complemento del proceso de descentralización,
· Supera la visión convencional de
participación y compensación hacia el sentido de la cooperación,
corresponsabilidad y de inclusión económica y social,
· Potencia la visión convencional del manejo de
recursos y tecnologías limpias hacia una concepción multidimensional y compleja
del territorio, donde lo ambiental, cultural, social, político-institucional,
se interrelacionan,
· Supera la visión sectorial de una economía
rural que se reduce a una economía agraria poniendo énfasis en una economía
territorial que incorpora y articula actividades económicas no agrarias (local
y regional), basada en la responsabilidad social y ambiental.
· Incluye y supera la visión tecnologíca para
incrementar la productividad a partir de los conceptos de innovación y
competitividad territorial,
· Reconoce la necesidad de articular las
dimensiones urbano y rural de manera orgánica, conformando espacios
demográficos integrados, que compartan estructuras sociales, económicas e
institucionales, construidos en procesos históricos de apropiación del espacio.
· Reconoce la importancia de establecer
encadenamiento de valor agregado pero articulados al territorio y a procesos productivos
(agroindustrias, redes artesanos, etc)
· Promueve formas de cooperación atendiendo las
demandas diferenciadas de los y las pobladores y agentes territoriales,
articuladas e integradas pero manteniendo la particularidad de cada territorio.
Tomando en
cuenta estos aportes de la dimensión territorial de la planificación,
presentamos las dimensiones más relevantes del enfoque territorial, las
definimos y hacemos un proceso de reflexión sobre el nivel de aproximación
desde de las experiencias(5) sugeridas por el Secretariado Rural.
Interacción de las dimensiones territoriales.
"El
espacio-territorio es un sistema socio-económico, socio-cultural, político e
institucional que posee modos de organización y regulación específicos que
condicionan los procesos de cambio y desarrollo" . Es decir que
"además de los recursos naturales el territorio posee otros factores de
desarrollo o potencial endógeno que constituyen el punto de partida para cualquier
proceso de desarrollo"
Sin embargo
no es suficiente reconocer que los territorios están dotados de factores claves
para que, de manera automática, se genere el desarrollo. Se hace necesario que
él mismo se convierta en "espacio de desarrollo", por lo tanto se
requiere de un proceso de construcción social de transformación en el cual
dichos factores claves se articulen y direccionen para generar el desarrollo. Ahora
bien, esta articulación es posible si se considera al territorio como un
sistema de interrelaciones y dependencias de alta complejidad, que pueden
convertirse en espacio de desarrollo si sus componentes se consideran desde una
perspectiva de conjunto que tenga en cuenta los distintos elementos del sistema
y sus relaciones internas y con el entorno. Si los componentes del sistema
territorial funcionan de manera independiente o se relacionan solo
indirectamente, el propio proceso podría ser fragmentado y aislado. La
planificación del desarrollo requiere por lo tanto dar funcionalidad al sistema
territorial estructurando los diferentes subsistemas y estableciendo relaciones
entre ellos, al interior de ellos y entre los componentes del sistema y el
entorno.
En ese
sentido, el espacio-territorio rural no es sólo su dimensión agraria, sino es un
espacio geográfico donde se interrelacionan los factores económico, social,
político e institucional. Es el lugar donde las personas realizan diferentes
funciones productivas, comerciales, organizativas, vinculadas al desarrollo
agrícola, agroindustrial, artesanal, a las actividades ambientales, a los
servicios del turismo y donde lo cultural (costumbres, valores, etc) es parte
del sentido de pertenencia entre los grupos sociales, los cuales concertan
acciones de cohesión social buscando el bienestar. En cuanto a las experiencias
de promoción del desarrollo revisadas, encontramos las siguientes
características:
Se asume,
explicita o implícitamente, un marco conceptual del desarrollo rural
(referencias al desarrollo rural sostenible, gestión de cuencas, perspectiva de
género, medio ambiente, gestión de riesgo, entre otros); los campos de
intervención con relación a dichos enfoques, no se encuentran suficientemente
delimitados. Se destaca una clara posición respecto al ámbito rural como unidad
de planificación. Apreciamos un acercamiento al análisis del territorio en su
relación con espacios del entorno, pero los procesos, tendencias y las
variables relevantes susceptibles de generar cambios en la transformación de la
realidad deseada, al parecer no han sido priorizadas.
Los procesos
metodológicos aplicados en el proceso de planificación destacan la
participación de los actores sociales; sin embargo, la concreción de los planes
en acciones prioritarias o estratégicas, al parecer no han logrado
interiorizarse en los actores clave de los procesos de desarrollo, lo cual
resulta ser una limitante para generar compromisos de actuación colectiva en la
implementación de propuestas concretas. Un aporte importante y significativo
que desatacamos es el nivel de concordancia y complementariedad de los planes
de desarrollo de diversas jerarquías, así como los diversos mecanismos de
participación, la generación de espacios de concertación y la capacidad de
liderazgo de los principales actores (alcaldes, lideres empresariales, mujeres
empresarias, etc), lo que permitiría dinamizar propuestas de actuación
vinculadas al territorio generando sinergias e de impactos relevantes para el
desarrollo.
Relación entre la dimensión urbana y rural
Parte por
reconocer la existencia de un continuo urbano-rural, en donde se establecen
relaciones funcionales y de intercambio de recursos y energías, que se
sustentan en la diversidad y variedad para dinamizar propuestas complementarias
de desarrollo. Un acercamiento desde la perspectiva de cuenca nos permite
acentuar el sentido de relación entre oferta y demanda que se establece en el
espacio continuo de lo urbano y rural.
El espacio
rural es muy diverso y oferta los recursos naturales y productivos que demanda
el sistema urbano, y éste ofrece servicios e infraestructura complementarias a
las actividades rurales (agrícolas, agroindustrial, artesanal, de servicios
turísticos, etc). Esta forma de relación intrínseca demanda de actuaciones que
aporten a la integración y organización de los territorios rurales para
hacerlos más competitivos en el mercado local, regional y nacional.
Esto
significa que debe reconocerse la importancia creciente de las actividades no
agrícolas en el ámbito rural y su relación con centros urbanos en territorios
predominantemente rurales. Las nuevas estrategias de desarrollo rural reconocen
esta configuración como alternativa complementaria que aportan a las metas del
desarrollo.
3. EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL DESDE UN
ENFOQUE DE GENERO
La
planificación física del territorio es una de las áreas relevantes de decisión
de los gobiernos locales, y convoca aspectos sustanciales de las políticas
públicas. Garantizar el derecho al territorio para toda la población que en
ella habita significa entender que se trata de un derecho universal, y por lo
tanto efectivizarlo es una atribución de los gobiernos locales, que lo
posibilitan a través de políticas públicas y urbanas que orientan la
organización del territorio.
Una óptica
de derechos y de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres debe tener
como condición cambios culturales que modifiquen la división sexual del trabajo
entre varones y mujeres y avanzar en la búsqueda de un nuevo contrato social.
El estado, los gobiernos locales, tienen una responsabilidad para promover
dichos cambios y la planificación del territorio es uno de los aspectos que
pueden contribuir a efectivizar los mismos.
Ahora bien,
para una planificación con enfoque de equidad de género, es necesario
identificar los aspectos físicos y sociales obstaculizantes y facilitadores del
acceso y apropiación de la ciudad por parte de hombres y mujeres, con el fin de
contar con la información necesaria para nutrir el diseño e implementación de
políticas públicas urbanas.
En este
sentido se pueden señalar seis aspectos a tener en cuenta a la hora de
identificar impactos diferenciales para las mujeres en el territorio.
A. Cambios en la Población Económicamente
Activa (PEA)
La
incorporación masiva de las mujeres al empleo en las últimas décadas, con una
participación importante en el sector informal de la economía, viene
representando nuevos retos que impactan la vida cotidiana de la sociedad, en
tanto las mujeres continúan siendo las responsables casi exclusivas del ámbito doméstico,
lo que les genera sobrecarga de trabajo y condiciona sus oportunidades en el
mercado laboral.
Mientras la
división sexual del trabajo se mantenga inalterable, la incorporación de las
mujeres al mercado laboral exige una organización del tiempo diferente, porque
implica compatibilizar la vida familiar con la vida laboral o con las
actividades de generación de ingresos, dentro o fuera de la casa. La relación
trabajo y vivienda, las distancias a los lugares de trabajo, los horarios y los
medios de movilidad, condicionan las decisiones personales de las mujeres: las
elecciones laborales de medio tiempo y por lo tanto menos remuneradas.
En ese mismo
orden de ideas, en un sistema cuyos valores son predominantemente monetarios,
se ignoran las actividades asociadas a la reproducción que realizan las
mujeres, puesto que el concepto trabajo hace referencia solamente al
considerado productivo. Esto trae consecuencias para las mujeres integradas al
mercado laboral, en tanto la doble jornada no es contemplada en la organización
del trabajo en las empresas privadas o públicas.
Por lo
tanto, la información acerca de la inserción de las mujeres en el mercado
laboral y también en el trabajo informal, en el cual ocupan un alto porcentaje,
debe integrarse e incorporarse a la planificación del uso del suelo del
territorio. Paralelamente, se requiere repensar las obligaciones de las
empresas privadas y públicas referidas a la responsabilidad social respecto a
las actividades de cuidado de las personas en condición de dependencia y la
provisión de los servicios necesarios.
B. Persistencia de la División sexual del
Trabajo
La
responsabilidad que recae en las mujeres a cargo de la reproducción de la
fuerza de trabajo ha justificado la construcción social de roles masculinos y
femeninos, en relación al cuidado de
hijos, familia, personas mayores y con discapacidades, actividades
expresadas como tareas domésticas o de economía del cuidado. El trabajo
familiar ha sido, en las últimas décadas, motivo de minuciosa investigación y
sistematización. Marina Bianchi (1994) ha clasificado las tareas del hogar que
realizan las mujeres en múltiples actividades: reproductivas (procreación,
crianza, educación, socialización), domésticas (mantenimiento de la ropa,
comida, compras, limpieza), burocráticas (relacionadas con los servicios y las
instituciones) y asistenciales (cuidado de las personas enfermas, ancianas o
discapacitadas). Estas actividades no son contabilizadas en el volumen de la
fuerza de trabajo de las personas económicamente activas.
La doble
presencia laboral en el espacio privado y público, impacta en la estrecha
relación que tienen las mujeres con i) la vivienda y el hábitat como
principales usuarias, en cuanto al
acceso, la seguridad en la tenencia y la
calidad espacial, material y ambiental de la misma, considerando que la
vivienda, en muchos casos, es también el único lugar de generación de ingresos;
ii) con la dotación de servicios públicos para la realización de funciones
domésticas iii) los equipamientos sociales
para educación, salud, espacio público, comercio; iv) la movilidad v) la
seguridad ciudadana y v) con las
condiciones ambientales de barrios, colonias y comunidades.
La
organización del territorio debe expresar esta vinculación y considerar el acceso
a equipamientos de cuidado de niños y niñas y personas dependientes y de
soporte a las tareas domésticas: comedores, centros de apoyo y de vacaciones
escolares; la cercanía de la vivienda a centros educativos, servicios de salud y al
comercio local; la dotación de transporte público; la cobertura interbarrial;
rutas peatonales seguras; diseños del espacio público que contemplen la movilidad de las personas adultas con niños,
de personas mayores y/o con discapacidades etc. A su vez, debe evaluar los
costos económicos y de tiempo para acceder a las actividades urbanas. La
organización del espacio tiene una estrecha relación con el uso del tiempo y en
consecuencia con el aprovechamiento de las oportunidades que la ciudad ofrece y
la democratización de la misma.
C. Cambios en la Composición de los Hogares.
Los
indicadores demográficos dan cuenta de una transformación en la composición y
estructura de los hogares en las últimas décadas. Se ha incrementado el número
de hogares unipersonales y monoparentales. Son los hogares encabezados por
mujeres los que más han crecido. La composición de los hogares, afecta de
manera diferencial al hogar encabezado por hombres o por mujeres y esto implica
evaluar las demandas específicas de dicha población tanto a nivel de la
vivienda como de los servicios.
Las
posibilidades de acceso a una vivienda, al pago de los servicios, se ve
reducida en hogares a cargo de mujeres con trabajos menos remunerados o
vinculadas al sector informal de la economía. Asimismo, al mismo tiempo que hay
un aumento de hogares monoparentales de mujeres con hijos a cargo, o personas
dependientes, aumentan los hogares unipersonales de adultas mayores. Esto es de
suma importancia al momento de pensar en políticas de salud, vivienda,
cuidados, jubilación o sistemas de ingresos mínimos, teniendo en cuenta el
mayor grado de vulnerabilidad de las mujeres adultas mayores. Nuevamente, la
localización de la vivienda en relación al acceso a servicios y movilidad
requiere de información fehaciente que de cuenta de la realidad poblacional y
sus demandas.
D. Las violencias hacia las mujeres y la
inseguridad en la ciudad
Las
violencias hacia las mujeres, tanto en los espacios privados como públicos,
constituye una realidad comprobada a través de las estadísticas, a pesar de los
bajos niveles de denuncia, que afecta el libre ejercicio de su ciudadanía. Sin
embargo, estas violencias no se incluyen entre los delitos, ni son reconocidas
en las políticas públicas, estrategias o proyectos de inversión vinculados a la
seguridad ciudadana. Las violencias hacia las mujeres, como la violencia de
pareja, la violencia sexual, maltrato, acoso sexual en instituciones, es una
problemática multicausal, que se ejerce sobre las mujeres por el sólo hecho de
serlo. En este sentido, Weinstein (1991) señala que la discriminación origina
relaciones de subordinación y de dominio, en las que la violencia constituye
una forma de ejercer poder que se expresa en la estructura social y se
reproduce en la familia y en otros subsistemas sociales.
Asimismo,
desde hace ya más de una década, la seguridad de las mujeres en las ciudades se
ha convertido, desde la perspectiva de género, en uno de los temas claves del
urbanismo. Diversos estudios, en diversas latitudes, mostraron como el temor,
por miedo a la violencia, se convierte en limitación espacial y motivo de
exclusión para las mujeres. El miedo a ser atacadas y violentadas las limita en
el acceso al trabajo y el ocio, en tanto, para reducir riesgos, evitan salir a
determinadas horas, o circular por determinados lugares. Esta realidad incidió
en el surgimiento de iniciativas de los gobiernos vinculadas a las políticas de
planeamiento para reducir la percepción de inseguridad, entendiendo que el
diseño de los espacios puede contribuir a generar condiciones de mayor
seguridad. Con base en encuestas a mujeres sobre la percepción de sitios
inseguros, se han comenzado a transformar parámetros de diseño y mantenimiento
de los espacios públicos. (Canadá, Reino Unido, entre otros)
Las mujeres,
sufren distintos tipos de violencia, tanto en el ámbito privado como en el
público: son robadas en mayor proporción que los varones a la salida del
trabajo y en los días de semana; son acosadas, manoseadas e intimidadas en sus
trayectos cotidianos y en el transporte público. De ahí que la oferta de
servicios y su distribución en el territorio, requiera diseñarse con base en
información actualizada y diferenciada por sexo, que responda a la demanda real
de atención y prevención, así como de acceso a la justicia. Por otra parte, el mismo diseño y
mantenimiento del espacio público, su mobiliario y el transporte público, pueden ser un factor de inclusión o
exclusión, de seguridad o inseguridad para la población en general y las
mujeres en particular. En este sentido es importante conocer, no sólo la
violencia objetiva, sino la percepción de inseguridad y el temor, que tiene
iguales consecuencias para la autonomía y apropiación de la ciudad por parte de
las mujeres.
Concluyendo,
esta problemática debe ser abordada desde el cuestionamiento y transformación
de la cultura patriarcal, el reconocimiento de los derechos humanos de las
mujeres y sus derechos ciudadanos y desde
políticas de seguridad interrelacionadas con la movilidad y el diseño
incluyente del espacio público.
E. La Feminización de la pobreza
La
feminización de la pobreza combina dos fenómenos moralmente inaceptables:
pobreza y desigualdades basadas en el género. La feminización de la pobreza es
el fenómeno que genera cambios en los niveles de pobreza con una marcada
tendencia en contra de las mujeres y/o los hogares a cargo de mujeres. Existen
desigualdades entre los sexos, en el acceso al mercado laboral, a los recursos
productivos, a los activos generadores de ingresos, que limitan la autonomía económica
y el acceso a la toma de decisiones principalmente de las mujeres. Reconocer y
hacer explícitos estos factores dota de mayor profundidad al análisis de la
pobreza y contribuye a encontrar políticas para enfrentarla.
F. Discriminación de género en los ámbitos de
participación ciudadana
Si asumimos
la participación, como sostiene Di Licsia (2007), como el conjunto de acciones
organizadas que buscan incidir sobre las decisiones, sobre los recursos, o
imponer determinados cambios o asuntos en la agenda de una sociedad
determinada, podemos afirmar que en el
caso de las mujeres la participación no es igualitaria con los hombres, no
obstante los derechos políticos ganados. Como afirma la autora, la divisoria y
las connotaciones de los espacios público/privado condicionaron, y
agregaríamos, continúan impidiendo el ejercicio de la participación y de la
democracia plena.
La
Participación ciudadana de las mujeres se ve limitada por los mecanismos y
reglas de juegos establecidos, horarios,
tipos de representatividad, priorización de temas, etc., definidos de acuerdo a
las lógicas masculinas y también por la sobrecarga de trabajo que enfrentan las
mujeres. Asimismo, en determinadas áreas, como la planificación de la ciudad,
las mujeres han estado ausentes de las decisiones que condicionan su vida cotidiana.
La participación ciudadana de las mujeres es una de las estrategias
fundamentales a promover para lograr una ciudad equitativa e incluyente. Desde
el gobierno local se deben garantizar los procedimientos y condiciones que
garanticen la participación de las mujeres en las decisiones que conciernen a
la organización del territorio y la definición de presupuestos y prioridades de
inversión. Participación entendida en el sentido de las prácticas en las que
puede incidirse y no donde la participación de las mujeres sea una mera
presencia.
4. LA PLANIFICACION TERRITORIAL Y LA EQUIDAD
DE GENERO
La planificación territorial con
enfoque de género para espacios rurales requiere poner énfasis en las
estrategias que garantices la participación equitativa de hombres y mujeres (en
cuanto actores del desarrollo) en la toma de decisiones, así como el
reconocimiento y valoración social de los diversos aportes que brindan al
desarrollo.
Lo anterior nos plantea la
necesidad de construir redes y alianzas que favorezcan la capacidad de
negociación con poder equilibrado en la relación de género; la articulación de
las necesidades basada en la valoración del saber local expresados en los roles
diferenciados; definición de estrategias y acciones incidiendo en la necesidad
de relevar el empoderamiento de las mujeres en conocimiento y habilidades
(técnicas, organizativas y políticas); la diversificación productiva y de
organizaciones diferenciado en los grupos sociales como ejercicio para la toma
de decisión con autonomía, principalmente.
A continuación presentamos a modo
de propuesta, una serie de campos de integración de ambos enfoques (territorio
y género), que en la práctica se constituyen en proposiciones a partir de las
cuales se pueden formular indicadores que den cuenta tanto del estado de la
cuestión (diagnóstico situacional), así como la valoración del cambio esperado
(metas) a partir de las intervenciones de las organizaciones que promueven el
desarrollo en los ámbitos rurales.
Matriz de integración de las dimensiones del
enfoque territorial y género: campos de observación
|
Dimensiones
|
Relación de género con poder equilibrado
|
Valoración del saber local que se expresa
en los roles diferenciados
|
Reconocimiento de sujeto social y económico
con capacidad de decisión autónoma
|
Representatividad y legitimidad con poder
en el espacio local
|
|
Interacción de las dimensiones del
territorio
|
Incidencia
de los actores(hombres y mujeres) en los procesos de articulación de las
dimensiones del territorio.
Valoración
social de dichas capacidades de incidencia.
|
Percepción y valoración socio-cultural de los conocimientos,
funciones y responsabilidades diferenciadas (entre hombres y mujeres) en la
articulación de la dinámica territorial.
|
Funciones
que cumplen los sujetos diferenciados (hombres y mujeres) en el proceso de
articulación de las dimensiones del territorio.
Reconocimiento
social de los esfuerzos desplegados por los sujetos (hombres y mujeres) en
dicho proceso de articulación.
|
Reconocimiento
de la capacidad de interlocución entre los diferentes actores locales
(hombres y mujeres).
Participación
efectiva en las decisiones fundamentales orientadas a la articulación de las
dimensiones del territorio.
|
|
Relación
urbano-rural
|
Incidencia
de los actores(hombres y mujeres) en el establecimiento de flujos y
relaciones de complementariedad entre los espacios urbano-rural.
Valoración
social de dichas capacidades de incidencia.
|
Percepción y valoración sociocultural de los conocimientos,
funciones y responsabilidades (entre hombres y mujeres) en el establecimiento
de flujos de intercambio y complementariedad de los espacios urbano-rural.
|
Funciones
social y económica de los sujetos en los procesos de intercambio
urbano-rural.
Reconocimiento
social de las capacidades y aportes en los procesos de intercambio y
complementariedad de los espacios urbano - rural.
|
2. Reconocimiento de la capacidad de
negociación y toma de decisiones sobre los procesos de articulación de los
espacios urbano-rural.
3. Participación efectiva en la toma de
decisiones sobre los procesos de articulación de los espacios urbano-rural.
|
|
Complemen-tariedad territorial
|
Incidencia
de los actores(hombres y mujeres) en el establecimiento de funciones
diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios
territoriales.
Valoración
social de dichas capacidades de incidencia.
|
Percepción y valoración sociocultural de los conocimientos,
funciones y responsabilidades (entre hombres y mujeres) en el establecimiento
de funciones diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios
territoriales.
|
Roles
que cumplen los sujetos en el establecimiento de funciones diversificadas,
especializadas y complementarias de los espacios territoriales.
Reconocimiento
social de los roles asumidos.
|
Reconocimiento
de la capacidad de negociación y toma de decisiones en el establecimiento de
funciones diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios
territoriales,
Participación
efectiva en la toma de decisiones.
|
|
Participación de los actores en la gestión
del territorio y los recursos
|
Capacidad de los actores (hombres y mujeres) para concertar
iniciativas de desarrollo.
|
Valoración de las prácticas productivas diferenciadas en los
mecanismos de organización y gestión territorial
|
Niveles de participación de los sujetos en las decisiones de
planificación y gestión del territorio
|
Nivel
de participación de los sujetos en la capacidad de propuestas de
planificación y gestión del territorio
Reconocimiento
social de los aportes diferenciados en la gestión del territorio dinámicas territoriales.
|
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Hola Marvin, es un gusto para mi poder saludarte. Tengo mucho intenres en poder ejercer una Propuesta de Plan de Ordenamiento Territorial Ambiental Municipal, como punto de tesis. Quisiera poder comunicarme con tigo para que me pudieras ayudar con información básica y adecuada para este tema. mi correo es luis1989marin@gmail.com
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