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“Ficha Técnica” Instrumento 9:
Construcción de visiones y agendas de desarrollo económico
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(1) Fase del proceso Metodológico donde se propone la
utilización del instrumento metodológico:
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· Fase 2 y 4.
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(2) Descripción general del instrumento metodológico:
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Visiones de desarrollo y
competitividad territorial
La elaboración de visiones de desarrollo y de instrumentos para la
competitividad no es solamente un ejercicio de aplicación de determinadas
metodologías o instrumentos estándar para producir un documento o derivar
unos programas y proyectos. Se trata
de movilizar una sociedad diversa para que diseñe y se comprometa con la
construcción de un futuro mejor, por lo cual se requiere un buen soporte
técnico y una gran voluntad política.
Los resultados de un proceso dirigido a construir una visión de
desarrollo a introducir en los Plan de Ordenamiento Ambiental Territorial (POAT),
sin una estructura conceptual y analítica definida que posibilite identificar
elementos clave, prioridades y relaciones, se podrá ir al extremo de tratar
de examinar y actuar sobre todos los elementos, así se atomizan esfuerzos sin
alcanzar resultados significados. El
marco analítico permite diferenciar entre lo relevante y lo irrelevante par
actuar ante determinadas problemáticas
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Marco conceptual para la
articulación de las visiones de desarrollo con los Planes Municipales de
Ordenamiento y Desarrollo Territorial
La elaboración de visiones y la movilización de actores e
instituciones alrededor de objetivos de desarrollo futuro son tares complejas
que pueden abordarse de varias maneras, desde ejercicios simples – limitados
a conseguir un acuerdo sobre el texto de declaración de una visión de
desarrollo compartida -, hasta procesos de planificación estratégica
prospectiva rigurosamente elaborados que demanda bastante tiempo, recurso
importantes, y que tienen la ventaja de lograr promover procesos de cambio
socioeconómico, y de comprometer a los diversos actores e instituciones
locales en pro de la construcción mancomunada de un futuro mejor.
El concepto de visión de desarrollo que se deriva de innumerables
declaraciones o textos de visión que últimamente suelen incorporarse en los
planes de desarrollo de las entidades territoriales, oscila entre sintéticas
frases inspiradoras sobre la posición que espera alcanzar una entidad
territorial en determinadas dimensiones o sectores de actividad, en los
cuales se destacan valores o principios específicos y definen un lapso
–generalmente mayor o igual a 10 años-, y extensos párrafos en que se
especifican múltiples aspiraciones que finalmente no permiten transmitir una
imagen clara y diferenciada sobre lo que se quiere ser o hacer a futuro.
Significado de una visión
de desarrollo
Elaborar una visión de desarrollo implica tanto preocuparse por el
largo plazo como tomar conciencia sobre la necesidad de una planificación y
gestión del desarrollo mediante la cual se logra que los actores
territoriales no se limiten a ser espectadores o sólo a reaccionar ante una
economía y una sociedad en continuo cambio. Concebir y construir una visión
de desarrollo significa tomar conciencia sobre la necesidad de ser artífices
del futuro; para tal efecto, es importante tener en cuenta que el conocimiento
de la trayectoria histórica de desarrollo aporta aprendizaje, ya positivos,
ya negativo, y que el presente y el diario vivir también son
aleccionadores. Sin embargo, aprender
de esos momentos no es suficiente para avanzar sólidamente en un mundo en
continua innovación y cambio, sino que se requiere incorporar herramientas de
la prospectiva que faciliten explorar los múltiples futuros posibles y
seleccionar aquel que permita concentrar y aglutinar esfuerzos en direcciones
comunes, para no estar al vaivén de los acontecimiento.
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El término “visión” se refiere a imágenes colectivas estructurales
sobre el futuro, con expresiones explícitas, o implícitas, sobre motivaciones
y escenarios promisorios que buscan movilizar a los diversos, actores a
forjar su porvenir. Se considera que
una buena declaración de visión sirve para tres objetivos importantes:
• Señalar el rumbo en el
sentido de clarificar la dirección hacia la cual se debe realizar el cambio e
indicar en una representación, económica – espacial, la posición, que la
organización desea y se propone alcanzar en un horizonte definido de tiempo.
• Constituir la idea fuerza
inspiradora y motivadora que consiga aglutinar intereses y movilizar a las
personas y sus organizaciones para hacer factible el cambio.
Las siguientes definiciones de visión muestran una serie de
propiedades tanto en contenido como en efectos o sentidos del desarrollo
debería contener su declaración:
• Una visión es una imagen de
un futuro más deseable para una organización; no obstante, la visión óptima
es una idea con tanta energía que pone en movimiento hacia el futuro apelando
a los talentos y recursos para que éste se cumpla.
• La visión, en su verdadero
sentido, es un tipo especial de sueño construido sobre la base de la
información y el conocimiento.
• La visión empuja a las
personas hacia la acción y debido a esa acción la organización evoluciona y
progresa.
• Una visión es un modelo
mental de un estado futuro de un proceso, de un grupo o una organización; por
tanto, se ocupa de un mundo que existe tan sólo en la imaginación, construido
con especulaciones plausibles, formulado con lo que suponemos son premisas
razonables sobre el futuro y muy influido por nuestro propio juicio.
• La visión es una
construcción mental que podemos transformar en realidad. De hecho, una visión es la única forma de
modelo mental que las personas y las organizaciones pueden materializar a
través de compromisos y acciones.
En materia de visiones y escenarios de de desarrollo, desde el punto
de vista, se articulan sueños, con imaginarios, imágenes estructuradas y
compartidas, escenarios y visiones que componen diversas formas de avistar el
futuro, desde l más simple –sueños e imágenes individuales- hasta la más
elaboradas –escenarios de desarrollo concertados colectivamente-.
Entra las propiedades que debe poseer una declaración de visión se
destacan las siguientes:
· Señalar un foco. Se puede concretar en objetivos claros para
alcanzar en un determinado periodo.
· Ser compartida. Se acepta socialmente, capta los intereses mayoritarios
e invita al compromiso.
· Generar identidad. Resalta
propiedades culturales y valores sociales que distinguen al territorio y le
dan arraigo.
· Delinear una imagen
captable externamente. Genera, en el contexto externo, una imagen de
reconocimiento y distinción.
· Ser retadora y posible. Se
define fijar objetivos y metas transformadoras, renovadoras, posibles de
alcanzar con impulsos y esfuerzos que rompan la inercia.
La visión en general es un instrumento poderoso para la comunicación y
un catalizador para que personas y grupos diferentes se unan en torno a un
mismo ideal; además, permite recobrar el espíritu emprendedor, el sentimiento
y el compromiso con el futuro. La
visión establece una dirección que sirve para unificar propósitos, generar
confianza y credibilidad en el esfuerzo compartido para alcanzar grandes
transformaciones.
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Visiones de Desarrollo y
Planes Municipales de Ordenamiento y Desarrollo Territorial
Concebir y concertar una visión de desarrollo, con las características
esbozadas anteriormente, implica un riguroso trabajo técnico, de
participación, de compromiso de los actores locales. Cuando se cuenta con una
visión de desarrollo que no posee un elevado nivel de apropiación colectiva y
de construcción a través de los planes gubernamentales, es importante
retomarla con el propósito de seguirla consolidando y de darles continuidad a
las acciones que están procurando formar el futuro deseado. El análisis de la
visión, de sus objetivos, de sus estrategias y de los resultados que se han
logrado obtener, dará la pauta de evaluación ajustar, complementar o
redirigir los esfuerzos que sean necesarios de manera que el nuevo plan de
desarrollo se constituya en la base fundamental para la implementación de esa
visión.
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Con el fin de concebir una visión de desarrollo adecuadamente
estructurada, es recomendable tener en cuenta componentes de procesos de
planificación prospectiva como los siguientes:
· La creación de unas
condiciones institucionales y de compromiso de los diversos actores
–públicos, privados y organizaciones sociales- con el cambio y con el futuro.
· El análisis estratégico
para ponerse de acuerdo sobre los asuntos críticos para emprender la
construcción de futuro.
· La selección de apuestas de
desarrollo que serán la base p ara establecer los objetivos, las líneas
estratégicas y las acciones.
· Los proyectos que
permitirán hacer realidad el futuro deseado.
Como se podrá apreciar en la metodología referenciada, se trata de
procesos de planificación que requieren tiempo de maduración, exigen recursos
especializados y comprometen, simultáneamente, a los diversos actores de un
territorio (públicos, privados, sociales).
Con el fin de incorporar una visión en los Plan de Ordenamiento
Ambiental Territorial (POAT), liderada por la administración gubernamental,
que sierva de base para adelantar posteriormente un proceso amplio de
planificación estratégica prospectiva que logre comprometer a la mayoría de
actores de los diversos sectores de actividad de un territorio, se propone
realizar un ejercicio básico que contenga:
· Una dirección a través de
una persona o equipo con buenos conocimientos y experiencia en orientación
prospectiva.
· La selección de un grupo de
actores locales, representativos de los diversos sectores – gubernamental,
privado, organizaciones sociales, academia-, que cuenten con un perfil
profesional que garantice creatividad, imaginación y actualización sobre los
cambios mundiales. En la escogencia es
importante vincular a líderes y personas reconocidas por su conocimiento
experto y actualizado, experiencia y compromiso con el desarrollo de la
entidad territorial.
La realización, con el método de visualización, de un taller de
prospectiva territorial que permita desarrollar las siguientes actividades:
(1)
Un marco de desarrollo y bases conceptuales sobre
prospectiva y visión de desarrollo, mediante ejemplos prácticos.
(2)
Un análisis de Fortalezas y Oportunidades, Debilidades y
Amenazas (FODA) para el desarrollo del territorio.
(3)
Un acuerdo sobre asuntos claves para el desarrollo futuro
de la entidad territorial.
(4)
La realización en mesas de trabajo, según las dimensiones
del desarrollo territorial acordadas, de un texto propuesto de visión de
desarrollo que atienda los criterios y los componentes establecidos en la
introducción del evento.
(5)
Una reunión plenaria para llegar a un cuerdo compartido
sobre la visión de desarrollo deseada y viable.
(6)
La elaboración de un documento de presentación, difusión y
ampliación del significado y de los alcances de la visión propuesta.
(7)
Esta visión se convertirá en parte fundamental del plan de
desarrollo y en la base para establecer los objetivos, las líneas
estratégicas del plan, los programas y los proyectos.
· La socialización de la
visión a través de las diversas actividades programadas para la elaboración
del Plan de Ordenamiento Ambiental Territorial (POAT), en el cual se efectúan
los ajustes indispensables para facilitar su apropiación colectiva.
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Marco conceptual para el
diseño de estrategias de desarrollo económico local
El desarrollo económico local surge en un entorno territorial
favorable a la competitividad, toma forma a través de sistemas productivos
territoriales y constituye en la organización más apropiada para el éxito de
las entidades territoriales frente a la apertura económica y la
globalización. La internacionalización de los mercados y el mejoramiento de
las comunicaciones, las innovaciones, el cambio tecnológico y la movilidad de
los factores productivos en busca de economías de localización, muestra que
las empresas no compiten aisladamente sino que requieren, además un entorno
productivo e institucional que potencie y consolide las ventajas
competitivas. En dicho contexto, la
competitividad territorial surge como un reto de los gobiernos considerando
que aquellos departamentos, municipio y/o regiones, que a través de sus
líderes y dirigentes comprendan la transformaciones socioeconómicas y se
preparen para posicionarse como actores protagónicos de la competitividad,
serán los que podrán ofrecer mejores oportunidades de crecimiento y
desarrollo a sus habitantes.
Con el fin de identificar los factores claves para el diseño de
estrategias de competitividad territorial es necesario contar con una
estructura conceptual adaptable a las características del desarrollo
territorial del país. El análisis de
la experiencia de países y regiones que han logrado sobresalientes desempeños
económicos ha posibilitado la identificación de las condiciones favorecedoras
o limitantes de su crecimiento y desarrollo, lo que permite elaborar esquemas
teóricos de referencia sobre los factores clave para la competitividad
territorial, que, al contrastarlos con la realidad locales y regionales, guían
el diseño de las correspondientes estrategias.
El tema de la competitividad en la teoría económica regional
tradicional ha sido poco desarrollado; sin embargo, en la actualidad cobra
gran importancia, porque la atención se dirige hacia la promoción del
crecimiento y la sustentabilidad de desarrollo desde la regiones, y entonces,
se hace indispensable el replanteamiento de las políticas públicas para la
competitividad, centradas en los aspectos sectoriales.
Es necesario avanzar en la elaboración de un enfoque analítico que
interrelacione los diversos conceptos que guían el diseño de estrategias de
desarrollo territorial, y con el objetivo general de mantener un crecimiento
económico elevado y sostenido que se exprese, simultáneamente, en un
desarrollo territorial equilibrado. A
continuación se reseñan los conceptos principales que se consideran básicos
para estructurar un modelo analítico, y en la parte final se propone la
estructura de dicho modelo.
Territorio y desarrollo
territorial
La productividad y la competitividad han dejado de ser un asunto
exclusivamente económico y empresarial; compiten las empresas, pero si éstas
no cuentan con un entorno territorial que facilite una mayor productividad y
la construcción de ventajas competitivas, no será posible alcanzar una
posición competitiva sustentable.
Para introducir en los marcos teóricos sobre la competitividad
territorial es necesario inicialmente comprender el significativo de
territorio. Este, tradicionalmente, se ha sido entendido como la base físico
– geográfica, como un recientemente pasivo, de la intervención de las
políticas y acciones públicas, privadas y de la organización social en
general.
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Sólo aquellos territorios organizados, es decir, equipados físico e
institucionalmente y organizados en red, que logren incorporar tecnología que
cuentan con actores y organizaciones innovadoras, emprendedoras y con una
visión de futuro compartida, tiene la capacidad de contribuir a convertir las
ventajas comparativas en competitivas, es decir, pueden agregar valor local y
capitalizarlo internamente.
Competitividad territorial
En el marco de una económica globalizada –y con el fin de alcanzar
mayores niveles de desarrollo- las empresas, las regiones y los países
requieren ser competitivos y crear entornos favorables a la competitividad
para posicionar sus productos y servicios con calidad y buenos precios en los
mercados regionales, nacionales y en el mercado mundial.
La competitividad de un territorio se relaciona tanto con la
especialización productiva de las empresas que posee, como con el entorno
urbano y regional, que posibilita el buen desempeño económico y un desarrollo
social sostenido y ambientalmente armónico.
El territorio será competitivo si las empresas y las organizaciones públicas
y sociales también lo son.
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Ventajas comparativas y
competitivas
En el nuevo orden económico mundial no es suficiente contar con
recursos naturales y mano de obra abundante; éstos, como componentes básicos
de las ventajas comparativas, no garantizan un crecimiento y desarrollo
sustentables.
Según Michael Porter, la competitividad de una nación o de una
industria depende de la capacidad de innovar y de mejorar permanentemente.
Las empresas alcanzan ventajas competitivas al adoptar nuevas tecnologías o
al incorporar prácticas innovadoras en sus negocios – diseño de productos,
talento humano, cadenas productivas, etc.-
Para lograr una región competitiva se requiere articular las ventajas
competitivas de las empresas y de los territorios. Esto implica agregar valor
a los recursos naturales, realizar un aprovechamiento sostenible del medio
ambiente, valorizar aspectos particulares como la tradición, la cultura y los
conocimientos especializados, que unidos a los productos o servicios pueden
otorgarles ventajas inimitables. Se necesita, además, la integración entre
empresas y territorios con el propósito de formar sistemas productivos,
procurando reinvertir localmente y difundir los efectos del crecimiento,
creando medios innovadores que “retengan” las empresas y las induzcan a
ampliarse localmente.
La competitividad se ejerce cada vez más a escala de las regiones
articuladas con los medios locales, donde los territorios se distinguen por
alcanzar una eficiencia colectiva en términos de recurso humanos calificados,
instituciones modernas, redes de empresas y centros urbanos con proyección
nacional e internacional.
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Para la construcción de ventajas competitivas sostenibles es necesaria
la articulación de estrategias empresariales y territoriales. Las entidades territoriales –departamentos,
municipios- cumples dos grandes papeles para articular competitivamente las
empresas con el territorio, a saber:
· Vincular e integrar en el
interior y con el exterior la producción y el mercado de bienes y servicios a
diversos niveles complementarios –local, regional, nacional e internacional-.
· Constituirse en medios
innovadores que propicien la formación de estructuras, relaciones,
asociaciones, redes de empresas, e interacciones en general, que faciliten el
aprendizaje, la innovación y la creación de cadenas de valor, al corresponde
a territorios organizados dentro de sus jurisdicciones y en asociación con
otras entidades territoriales.
Desde el punto de vista de las estrategias de competitividad territorial
–especialmente para países y regiones en procesos de desarrollo que se
caracterizan por poseer destacadas ventajas comparativas naturales y
abundancia de mano de obra no calificada-, el reto es depender menos
creativamente para agregarles valor y colocarlos en segmentos de mercados
rentables que posibiliten altos crecimientos, así como un desarrollo
sustentable.
Innovación regional y
medios innovadores regionales como plataforma para el desarrollo municipal
La innovación se presenta, en una sociedad del conocimiento, como uno
de los ingredientes fundamentales para el aumento constante de la
productividad y la competitividad. Lo
anterior implica un aprendizaje continuo y acumulativo tanto de las empresas como
de las organizaciones territoriales para mejorar los productos, los proceso y
el entorno tecnológicos poseídos por los actores locales y de su capacidad de
ser innovadores con base en nuevas tecnologías. Las ventajas competitivas
sustentables dependen de la capacidad como de la velocidad de las empresas y
de sus entornos territoriales para aprender e innovar en la fabricación de
productos y en el desarrollo de procesos más rápidos que la competencia
internacional. Para que una región se innovadora necesita ser “inteligente”,
en el sentido de poseer capacidad de aprender a través de sus interacciones
internas y externas. El análisis de
las regiones, como medios territoriales innovadores, posibilita explicar la
dinámica económica de los sistemas productivos y de las ciudades y regiones.
Según Cooke (1993), regiones inteligentes, como Emilia Romagna en
Italia o Bande-Wurtermberg en Alemania, son las que disponen de buenas
“antenas –observadores y monitoreo-, manejan información de calidad
–selectiva y continuamente actualizada-, cuentan de autoevaluación, tienen
disposición al aprendizaje y voluntad para poner en ejecución las lecciones
aprendidas. Según Vásquez Barquero, el “medio innovador” o entorno innovador
tiene tres características (Canzanelli, 2004):
· Es un territorio sin fronteras
precisas que forma parte de una unidad que es el lugar donde los actores se
organizan, utilizan los recurso materiales e inmateriales, y producen o
intercambian bienes, servicios y comunicaciones.
· Los actores forman, además,
una red a través de relaciones y vínculos de cooperación y comunicación.
· El medio local consigue
procesos de aprendizaje colectivo que le permiten responder a los cambios en
el entorno a través de la movilidad laboral; los intercambios de tecnologías,
procesos organización y comercialización; la previsión de servicios
especializados; los flujos de información de todo tipo, y las estrategias de
los actores.
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Competitividad sistémica
El desarrollo económico exitoso no depende únicamente de los factores
microempresariales y del contexto macroeconómico, también del desempeño
gubernamental y de las organizaciones no gubernamentales respecto a la
formación de estructuras y redes para el fortalecimiento tanto de la
competitividad de las empresas como de su articulación con el territorio.
El enfoque de las relaciones sistémicas de los factores para la
productividad y competitividad indica que el desempeño de una organización
depende directa y/o indirectamente de las relaciones entre: empresas –
sectores de actividad económica – gobierno – país – región – municipio –
comunidad. Las ventajas competitivas
regionales, departamentales y municipales requieren analizarse respecto a un
sistema de iteraciones en varios niveles que comprenden desde lo global a lo
local. Klaus Esser, Wolfang Hillebrand, Dirk Messer y Jorg Meyer – Stamer del
Instituto Alemán de Desarrollo plantean cuatro dimensiones determinantes de
la competitividad sistémica, a saber:
· La dimensión meta: se refiere a las condiciones básica
políticas y económicas de una sociedad, el modelo de desarrollo y la
condiciones institucionales generales –la cohesión nacional, la visión
nacional compartida, la capacidad nacional de desarrollo científico y tecnológico,
la competitividad, etc.-. Esta dimensión constituye el marco general para el
desarrollo regional y local; además, expresa la capacidad política de
regulación, de conducción de la economía y de integración social. En el nivel
regional se refiere a la identidad y cultura regionales y a la capacidad
estratégica de los actores –visión compartida de desarrollo-. En el nivel
local comprende el capital social, la cooperación entre actores y el ambiente
creativo. Se sustenta en el capital social y político, esto es, se basa en la
formación de capital social, la estabilidad política y la definición de una
visión compartida de desarrollo y otros aspectos que inciden sobre el grado
de gobernabilidad y de cohesión social.
· La dimensión macro: se refiere a las condiciones que
generan el grado de maniobrabilidad económica. Desde la perspectiva nacional,
corresponde a las condiciones cambiarias, la inflación, las dinámicas de
crecimiento de la producción y del comercio, las tasas de interés, el sistema
tributario, etc. En la escala regional se refiere a las condiciones de las
finan zas departamentales, el ahorro público y la capacidad de
inversión. En el nivel local hace
relación a las finanzas públicas municipales, la generación de recursos
propios, el ahorro y las condiciones tributarias.
· La dimensión meso: se refiere a las estructuras y sistemas
articuladores intersectoriales e interterritoriales, se destacan los sistemas
de tecnología e innovaciones y de organización urbana regional. En el
contexto nacional puede consistir en un sistema de innovación con los
correspondientes sistemas regionales –polos regionales-, así como a los
sistemas de infraestructuras y equipamientos –logísticos-, y las políticas
ambientales y de educación. En el nivel regional hace referencia a las
infraestructuras y sistemas que posibilitan alcanzar ventajas competitivas
por medio de la formación de redes tecnológicas y de investigación, centros
tecnológicos y promoción de sistemas productivos regionales. En el nivel local guarda relación con las
políticas de desarrollo económico local, el impuso a las asociaciones
empresariales, y las instituciones de formación y capacitación. La
competitividad mesoeconómica se consigue a través de la activación de tres
capitales fundamentales que son de base territorial:
o
Organizacional, que genera economías de aglomeración
basada en la articulación productiva por medio de cadenas entre empresas de
diferentes sectores que forman conglomerados productivos o clúster, y entre
comunidades y ciudades para formar polos regionales y ciudades región.
o
Logístico, integra redes de infraestructuras y
equipamientos y servicios para la comercialización: trasporte multimodal,
telecomunicaciones, energía, entre otros.
o
Intelectual, además de las dotaciones para el desarrollo
científico y tecnológico se necesitan sistemas de formación y sistemas de innovación
que promuevan el aprendizaje y el emprendimiento.
En síntesis,
la dimensión Meso es el espacio de las estructuras, sistemas y entornos que posibilitan articulaciones y
complementaciones intersectoriales e interterritoriales, para así fomentar y
multiplicar los potenciales empresariales y difundir el crecimiento hacia
todo el territorio.
· La dimensión micro.
Comprende la organización empresarial interna y la cooperación y alianza con
el entorno para la formación de redes y la generación de cadenas de valor que
se articula con la dimensión Meso. Para que la dimensión Micro favorezca la
competitividad se requiere diseñar e implementar modelos de gestión
empresarial basados en empresas competitivas y sustentables que sean
inteligentes en la organización, flexibles en la producción y agiles en la
comercialización. La competitividad Micro no es tarea aislada de las
empresas, puesto que éstas ya no pueden competir exitosamente si operan de
manera aislada y menos cuando sus tamaños y capital económico son reducidos.
Las empresas deben interrelacionarse en redes de cooperación tecnológica, de
logística empresarial y formar encadenamientos con abastecedores de insumos,
productores, comercializadores y usuarios.
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Los anteriores aspectos constituyen atributos que son inherentes a la
iniciativa de las organizaciones territoriales y corresponde a componentes de
las dimensiones Meso y Micro. Por lo tanto, desde la perspectiva de la
promoción del desarrollo socioeconómico, requiere especial atención para
concebir estrategias que se articulen desde lo local y regional con los
componentes Macro y Meta de la escala nacional.
Desarrollo endógeno
Constituir a un territorio –región, departamento o municipio- en un
escenario propicio para el desarrollo con potencial competitivo, con base en
sus capacidades y dotaciones internas –tanto los naturales como los
construidos y los socioculturales- es el sentido del desarrollo endógeno.
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De acuerdo con lo expuesto anteriormente, un proceso de desarrollo endógeno
debe caracterizarse, entre otros por los siguientes aspectos:
· La organización de la producción como uno de los
principales factores de competitividad. Consiste en la organización de las
empresas y la formación de redes especializadas y sistemas productivos
articulados territoriales, que posibilitan la obtención de economías de
escala así como la reducción de los costos de transacción. Se refiere,
igualmente a la disponibilidad de los recursos humanos pertinentes. La existencia de una capacidad empresarial
y organizativa fuertemente articulada a la tradición productiva de cada
territorio, impulsa la rivalidad de las empresas en el mercado local y esto
favorece el mejoramiento de la competitividad interna y externa de los
sistemas de empresas locales.
· El desarrollo urbano regional e infraestructuras para el
desarrollo territorial. Se reconoce el papel protagónico de las funciones urbanas
para el desarrollo rural y regional destacando la importancia de un
ordenamiento urbano y regional que facilite la productividad, la equidad y la
sostenibilidad.
· El despliegue de la ciencia y la tecnología en el tejido
económico y social. La disponibilidad de tecnología permite a las empresas
especializarse en partes del proceso productivo y recomponer la producción, innovar
y crear cadenas de valor, para conseguir así importantes ventajas
competitivas. Además la accesibilidad a sistemas locales y regionales de
innovación posibilita formar sociedades y entornos territoriales creativo e
innovadores con gran capacidad de aprendizaje.
· La dinámica y organización institucional. Las entidades
territoriales se caracterizan por poseer un tejido institucional poco denso,
disperso y desarticulado que generalmente no favorece procesos integrales de
desarrollo. Es importante examinar los
perfiles de tejido institucional y del capital social de alta dirección, de
los niveles intermedios y de base, considerando aspectos como el liderazgo,
la asociatividad y el emprendedorismo, con el fin de definir estrategias que
construyan una institucionalidad favorable para el despliegue de los
potenciales endógenos.
Desde el enfoque de desarrollo endógeno planteado por Sergio Bosier,
se señalan como factores clave para el diseño de estrategias de promoción del
desarrollo regional y local los siguientes:
· La existencia de un proyecto
de territorio con una visión compartida de desarrollo que les dé identidad y
dirección a sus acciones con perspectiva de largo plazo.
· La agregación de valor y
reinversión de los excedentes productivos, mediante la diversificación, y que
le provea sustentabilidad a su economía.
· La innovación y generación
de impulsos tecnológicos propios.
· La cultura e identidad y
regional.
· La eficiente y eficacia de
sus instituciones.
El desarrollo endógeno se logra un Estado que genere un ambiente
favorable a la inversión, creando determinadas externalidades, suministrado
bienes públicos y regulando las distorsiones económicas. Esto implica.
· Identificar en el
territorio ciertos potenciales en sus empresas, en sus actores y en sus
instituciones, y crear las condiciones apropiadas para desarrollar el núcleo
creativo del territorio.
· Facilitar la constitución
de entornos territoriales dotados y equipados de las infraestructuras y
servicios que faciliten la innovación la incubación de nuevas empresas y la
circulación oportuna de información sobre mercados.
· Incentivar la generación de
valor agregado a los bienes y servicios propios de la vocación productiva del
territorio y que tienen buenas perspectivas en los mercados nacional y
global.
Los anteriores factores deben ser promovidos simultáneamente en el
territorio alrededor de una visión compartida de desarrollo. Tales factores
abordados de manera independiente, son insuficientes para movilizar las
capacidades internas de desarrollo; es indispensable generar el grado de
sinergias necesarias para alcanzar las grandes transformaciones exigidas por
la región.
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El capital social para el
desarrollo territorial
El éxito de una estrategia de desarrollo regional depende, en gran
proporción, de la forma como los interese y las relaciones entre los actores
han sido estructurados; tal estructuración, a su vez, depende de la habilidad
colectiva para examinar la situación local y regional como para definir
prioridades y concertarlas, y también tanto de la forma de unir esfuerzos
para lograr mayores impactos. El medio
local –donde es posible adelantar los contactos sociales, económicos,
políticos y culturales- posibilita el despliegue del capital social y el
aprendizaje y además crea espacios para encontrar conjuntamente alternativas
competitivas para el desarrollo, al combinar aspectos e intereses sociales,
económicos, políticos y ambientales.
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Adicionalmente, el capital social está integrado por cuatro atributos
principales asumidos como prácticas de las comunidades; el grado de confianza
de una sociedad, su capacidad de asociatividad, los valores éticos y la
cultura cívica. La perspectiva analítica del capital social se debe dirigir
hacia el examen de las relaciones y prácticas sociales de los actores
individuales y colectivos con el fin de calificar el stock existente del
capital socia. Además de evaluar la confianza entre los actores, o su
adhesión a las normas, es recomendable examinar las prácticas de ellos como
constructores de organizaciones y redes económicas y sociales.
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Aglomeración de empresas,
arreglos productivos locales y sistemas productivos territoriales.
Organizaciones claves para la competitividad municipal, elementos a
considerar en el modelo de elaboración de Planes Municipales de Ordenamiento
y Desarrollo Territorial
La aglomeración territorial de empresas estrechamente relacionadas
entre si y con su entorno es fundamental para alcanzar entidades
territoriales competitivas. La constitución de conglomerados productivos permite
crear entornos territoriales más favorables para las empresas, al facilitar
la articulación público – privada y la irradiación de los beneficios del
crecimiento. Los productores localizados en los conglomerados disponen de
variados medios de comunicación y contacto que facilitan el intercambio de
comunicación y contacto que facilitan el intercambio de conocimientos y
aprendizaje, venden y compran colectivamente aprovechando economías de
escala, aumentan sus ganancias y se reúnen frecuentemente para realizar
alianzas publicas – privadas que conducen a acuerdos sobre acciones en
beneficio tanto de su actividad económica como del desarrollo socioeconómico
del territorio. (Cetrulo, 2005)
La literatura reciente sobre desarrollo económico territorial reconoce
y destaca la importancia de los elementos territoriales locales y regionales
en el crecimiento y competitividad de las nuevas formas de organización
productiva. Esta respectiva ha dado lugar a identificar atributos de las
relaciones virtuosas empresas – territorio con denominaciones como eficiencia
colectiva, economías de aglomeración, aprendizaje colectivo, eficiencia
colectiva, economías de aglomeración, aprendizaje colectivo, sinergias, etc.,
que se constituyen en ingredientes para comprender y promover y enfoques como
los de clúster, polos industriales, distritos económicos, redes y cadenas
empresariales y otros similares, están siendo utilizando para reconocer
procesos productivos, y privilegian el análisis de las interacciones. Estas
interacciones se efectúan a través de formas simples de asociación en grupos
de empresas, cooperativas o consorcios, pasa por encadenamientos y redes de
empresas y avanzan hacia estructuras más complejas y organizadas como los
arreglos productivos y regionales, y los sistemas productivos territoriales.
En primer término, las cadenas productivas se derivan de la creciente
división del trabajo y de la mayor interdependencia de los agentes
económicos. Comprenden todas las operaciones que comienzan con la disponibilidad
de materias primas e insumos, pasan por la transformación, el almacenamiento
y la comercialización hasta la entrega del producto final al cliente. Es una
red en la cual las relaciones no se limitan únicamente a una empresa o a unas
región, pero si a un producto o servicio. Ahora bien, las redes son hilos que
componen las cadenas productivas. Varias redes de empresas forman parte de
una cadena productiva y, a su vez, las redes están incorporadas en clúster´s
o sistemas productivos.
Los conglomerados de empresas o clúster´s son “concentraciones
geográficos de empresas e instituciones interconectadas en un especifico
campo de acción” (Porter 1998). Comprenden proveedores de insumos
especializados como maquinaria, equipos, servicio e infraestructura. El clúster se puede integrar con los
clientes o consumidores y con productores de bienes complementarios; además,
su estructura también vincula las entidades gubernamentales y otras
instituciones como universidades, centros de capacitación, información,
investigación y estructuras de soporte técnico. Entre los atributos básicos
de los clúster se encuentran la cooperación entre los actores de las
organizaciones empresariales, entre las empresas y entre éstas con las
instituciones locales y regionales, en procura de objetivos de desarrollo de
interés común.
Porter, en su libro “La ventaja competitiva de las naciones”, destaca
el papel de las grandes empresas asociado con la formación y evolución del
clúster intersectoriales y regionales, reconoce en los factores territoriales
el aporte a las competitividad, como puede deducir de la interpretación del
diamante de competitividad el cual está compuesto por las condiciones de los
factores, las condiciones de la demanda, los sectores afines y auxiliares, la
estrategia, la estructura y la competencia de la empresa.
Al detenerse a examinar las señales de los elementos del diamante para
el diseño de estrategias –especialmente desde el punto de vista de las
condiciones de los factores productivos, que resalta la importancia de los
nuevos capitales para la competitividad como la tecnología, el conocimiento,
las innovaciones, el capital humano y las instituciones modernas, entre
otros- se encuentra que las principales acciones sobre dichos factores pueden
impulsarse a través de estrategias territoriales que se ajusten a las
condiciones propias de cada región o localidad.
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Los APL destacan el papel central de las innovaciones y del
aprendizaje interactivo –como factores de competitividad sustentable- y se
constituyen en una mirada económica integral de los territorios, ya que
tradicionalmente se observa sólo la perspectiva de sectores económicos y
firmas individuales. En los APL se reconocen los vínculos entre las unidades
productivas como el territorio, respecto a las producción, comercialización,
aprovechamiento de las externalidades e interrelaciones socioeconómicas.
En el concepto de APL la noción de territorio es fundamental, puesto
que su definición involucra explícitamente la noción de aglomeración
socioeconómica en un espacio determinado, lo cual lo diferencia de
socioeconómica en un espacio determinado, lo cual lo diferencia de las
nociones de clúster –aglomeraciones de empresas vinculadas a una
especialización productiva- y de cadena productiva –integración vertical de
las diversas fases de la producción-.
Al avanzar en términos de complejidad, se llega a los Sistemas
Productivos Territoriales (SPT), éstos se caracterizan porque en ellos operan
empresas de una red que cooperan en el desarrollo de proyectos comunes, las
cuales se complementan para resolver problemas comunes, acceder a nuevos
mercados, lograr economías de escala y propósitos similares, que
individualmente no alcanzarían. Esas
redes pueden tomar la forma de asociaciones, alianzas, consorcios interempresas,
acuerdos de outsourcing, joint venture, etc.
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Con base en loe expuesto, es posible afirmar que la evolución de la
organización productiva en las entidades territoriales se puede reconocer siguiendo
las diferentes fases que van desde el agrupamiento inicial espontáneo de
empresas, las cuales actual individualmente –para conseguir la cercanía a los
mercados y la capitalización de economías externas- hasta la integración
deliberada de esfuerzos empresas –territorios organizados en red en búsqueda
de un crecimiento y un desarrollado sostenidos. En las medida en que la aglomeración de
empresas se amplia, los empresarios tienden a concientizarse sobre la
importancia de integrarse entre sí y con el entorno territorial, en procura
de ventajas competitivas que la transformen en un Arreglo Productivo Local
(APL).
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Un ejemplo práctico de SPT lo constituye la propuesta que se plantea
alrededor de un clúster de turismo integrado al sistema territorial del
“municipio X” y cuyo polo de desarrollo se encuentra en un lago Y. En es
propuesta se plantea la estructuración de un SPT en el cual las empresas
relacionadas con la cadena productiva del turismo y los atractivos turísticos
–organizados en red- estén cerca de las instituciones de educación e investigación;
los servicios al cliente, el marketing y los operadores turísticos.
Completariamente, se debe disponer de las infraestructuras y equipamiento
especializados, como centros tecnológicos e incubadoras de empresas. Los anteriores componentes del SPT
requieren una estructura institucional que los gestione y planifique,
mediante alternativas como agencias de desarrollo especializadas coordenadas
con las instituciones públicas.
Los SPT estructuran las interrelaciones empresas – territorios, generan
cadenas de valor territorial que posibilitan transformar las ventajas
comparativas en competitivas, al especializar las economías y constituyen
ventajas de localización y economías y constituyen ventajas de localización y
economías de proximidad respecto a los insumos, las tecnologías pertinentes,
las actividades de transformación del producto o servicio de líder, los
servicios de apoyo –mantenimiento, comercialización, capacitación,
financiamiento, transporte, información, etc.-, y la cultura productiva y
capital social que propicien la solidaridad, la identidad con el territorio y
la reinversión y atracción de capitales.
El SPT refleja un enfoque de desarrollo territorial integral que
comprende las dimensiones económica, social, política, ambiental y cultural,
permite articular espacialmente el crecimiento y el desarrollo local y
regionalmente, y se constituye en una expresión de desarrollo local.
Estructura analítica, para
el diseño de estrategias de desarrollo económico territorial, medio
conceptual y operativo a incorporar en los Planes
La reseña echa en los anteriores puntos sobre los principales
conceptos relacionados con el desarrollo regional, en particular, con la
competitividad territorial, ha pretendido acopiar las principales
perspectivas teóricas que es necesario tener presentes para el diseño de
estrategias de competitividad regional.
Como se ha registrado, uno de los requisitos para introducirse
regional. Como se ha registrado, uno
de los requisitos para introducirse en la construcción del modelo analítico
es comprender la complejidad de concepto de territorio y el reconocimiento de
sus componentes como factores de desarrollo, dado que se trata de desplegar y
articular internamente tales elementos y con el exterior para armar dicho
modelo en función de la productividad y competitividad territorial.
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La experiencia de políticas de competitividad centradas exclusivamente
en las inversiones en infraestructuras y los incentivos a la producción ha
mostrado efectos significativos puntuales en el crecimiento, pero pocos
resultados en relación con el desarrollo sustentable. Ese tipo de políticas
no han incidido en procesos dinámicos de desarrollo regional. Para que se
logren efectos multiplicadores más potentes, se deben concebir estrategias
más integrales que combinen la perspectiva de competitividad territorial con
la de competitividad empresarial.
Al pensar la estrategia de competitiva desde la perspectiva regional
–y con el fin de constituir sistemas productivos territoriales- los referentes
conceptuales y las experiencias conocidas recomiendan promover en los
territorios factores de localización económica capaces de crear polos de
desarrollo que sean jalonados a través de proyectos económicos estructurantes
que permitan conformar encadenamientos territoriales asociados a la vocación
regional.
La estructura analítica propuesta para el diseño de estrategias de
competitividad territorial, que se presenta en el esquema siguiente, recoge
los conceptos tratados a lo largo del presente instrumento metodológico y se
puede leer desde su base asumiendo el
territorio como un sistema físico sociocultural con capacidad de autogestión
y de creación de valor. Dicho sistema territorial esta influenciado por un contexto
global, nacional, regional y local que posee factores particulares en sus
varios niveles, considerados a través del concepto de la competitividad
sistémica. Desde las perspectivas
local y regional se destacan las dimensiones Meso y Micro como las más
estratégicas para la definición de políticas de competitividad.
Figura: Estructura
analítica para el desarrollo territorial
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Fuente:
González, Hernando. Informe de consultoría para el DNP – ODTS, Bogotá
Colombia 2007.
Al seguir la secuencia de la figura anterior, ese territorio –para
lograr insertarse apropiadamente en los diversos contextos espaciales,
económicos y sociales que condicionan sus posibilidades de desarrollo-,
requiere como principal ingrediente, para desplegar las capacidades endógenas,
dotarse de capital social como elemento aglutinador y movilizador de los
elementos territoriales. Así el
territorio se constituye en un medio innovador que moviliza el núcleo
creativo de la sociedad y activa las confianzas, la asociatividad, la unión
de esfuerzos y los valores cívicos. Activar los potenciales endógenos
significa alcanzar acumulación productiva junto con progreso técnico y
social, mediante la acción sobre cinco factores básicos, son ellos:
· La creación y difusión de
las innovaciones en el sistema productivo y social.
· La organización flexible de
la producción y la generación de economías de aglomeración.
· La estructuración y
ordenamiento urbano y regional.
· La modernización de las
instituciones.
· La sostenibilidad
ambiental.
Los factores del desarrollo endógeno tratados individualmente no
consiguen los cambios que se requieren para alcanzar unas regiones
competitivas y sustentables.
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Esa estructuración del modelo territorial y productivo conduce,
finalmente, a la meta de formar un sistema productivo territorial que consiga
la eficiencia colectiva de los diversos componentes del territorio
articulados alrededor de los factores endógenos y en función de una visión
compartida de desarrollo.
Por ultimo, es necesario destacar el valor de definir una visión
compartida de competitividad regional con capacidad de articular y de dirigir
los diversos esfuerzos de las organizaciones productivas, públicas y sociales
en una dirección común. La visión de competitividad que establecerá concertadamente
el posicionamiento competitivo pretendido por el territorio, señalará el
rumbo, los sectores productivos más dinámicos y con mayores interrelaciones
con el aparato económico, los actores líderes y los atributos que le darán
identidad y particularidad y será la “idea fuerza” inspiradora y movilizadora
que permita a los actores e instituciones comprometerse con los cambios que
implicarán las estrategias de competitividad.
Planificación y gestión estratégica de largo plazo, que consiga
vincular mancomunadamente a los sectores gubernamental, privado y la sociedad
civil alrededor de visiones compartidas de desarrollo, en las cuales se tiene
como motor un crecimiento económico incluyente y que se afiancen localmente a
través de sistema productivos territoriales, se constituye en una estrategia
poderosa para alcanzar un desarrollo sustentable. El nuevo contexto de
desarrollo global coloca el crecimiento económico y los cambios tecnológicos
como motores de la evolución de la sociedad, lo cual hace indispensable que
departamentos y municipios incorporen directamente en sus instrumentos de
desarrollo la planificación y la gestión del desarrollo como perspectiva de
largo plazo.
En el país aún prevalece un estilo productivo dominantemente sectorial
e individual, dependiente de unas ventajas comparativas estáticas, soportadas
en los recursos naturales. La incorporación de tecnología y la capacidad de
innovación han sido limitadas y una proporción importante de las
administraciones municipales y departamentales no cuentan con la
institucionalidad ni la capacidad técnica dirigida específicamente a la
coordinación y promoción del desarrollo económico.
Ante el panorama descrito es recomendable prever la complementación de
los POAT con procesos de planificación estratégica para el desarrollo
territorial, en los cuales se establezca una visión de largo plazo en procura
de que la planificación de corto y mediano plazos se realice en función de
objetivos y metas de futuro. Igualmente, es importante incluir estrategias de
competitividad económica local, con el fin de que dichos planes contribuyan a
la transformación y mejoramiento de las condiciones sociales y territoriales.
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Ante la necesidad de incorporar estrategias eficaces de desarrollo
económico en los POAT que permitan a las entidades territoriales contar con
sus propios proyectos de competitividad. Se recomienda que las
administraciones de los gobiernos locales consideren un enfoque de
planificación y gestión de desarrollo que tenga en cuenta los siguientes
aspectos:
· Disponer de un proyecto integral de competitividad con
perspectiva de largos plazo. Se trata de acordar un modelo de desarrollo con un estilo
propio, ajustado a la identidad territorial, y que se reconocido nacional e
internacionalmente, es decir “construir
una marca territorial”.
· Privilegiar la creación de capacidades internas para el
desarrollo. Basadas
no solamente en las ventajas naturales y de localización, sino en el
fortalecimiento de los recursos humanos y las institucionalidad pública y
social. Lo anterior contribuye a
cualificar las capacidades para adelantar las actividades relacionadas con la
implementación de las apuestas productivas en las cuales el territorio posee
las mayores ventajas, como entorno innovador, en la medida en que logre
constituir la institucionalidad apropiada (público – privado – social)
apropiada para el efecto.
· Promover la asociación de entidades territoriales
alrededor de la formación de sistemas productivos (tipo cadenas y clúster’s). Los ámbitos territoriales
donde se interrelaciona y despliegan los diversos componentes de las cadenas
y clúster’s trascienden generalmente los límites de las entidades
territoriales, por lo cual es recomendable actuar en espacios más amplios que
las jurisdicciones de las entidades territoriales, como los subregionales y
los regionales.
· Incorporar valor agregado a través de la adopción de
tecnologías apropiadas y de la innovación. En este punto por medio de la
organización y ordenamiento territorial, es necesario facilitar la difusión
territorial de las innovaciones en la base productiva, así como en el tejido
empresarial, la organización social e institucional de la localidad y de las
correspondientes subregiones y regiones.
· Impulsar estrategias de fortalecimiento de tejido empresarial. Particularmente de las
microempresas y de las actividades informales, las cuales constituyen la
mayor parte de la organización económica de los municipios de país.
· Desde la perspectiva del proceso político de desarrollo
económico. Se
requiere liderar los acuerdos y los pactos estratégicos entre los actores
locales para el fomente productivo mediante el impulso de instrumento como
mesas de concertación o comités locales y subregionales de desarrollo
productivo.
En el ámbito general es necesario que las administraciones de las
entidades territoriales en sus niveles central y descentralizado, impulsen la
cultura del desarrollo económico y la capacidad de emprender actuando
articuladamente alrededor de planes estratégicos de competitividad con visión
de largo plazo que permitan al crecimiento económico transformarse en
desarrollo para beneficiar y crear oportunidades para todos los sectores
sociales y tales zonas de su territorio.
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(3) Bibliografía:
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· Campregher, Gláucia; y
Paiva, Carlos Ángel (2002). A política de en fase territorial – avancos e
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and Regional Cooperation for Local Economies.
· Caracciolo, Merdedes; y
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Contribuciones al Desarrollo Local. Paidós.
· Coragio, José Luis (1987).
Diagnostico y política en la planificación regional Territorios en transición.
Quito.
· Departamento Nacional de
Planeación (2004). Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad;
Metodológica. Documento Consejo Nacional de Política Económica y Social 3297.
Bogotá: DNP.
· Esser,
Klaus; Hillebrand, Wolfang; Messner Dirk; y Meyer – Stamer, Jorg (1996). Competitividad sistémica;
nuevo desafío para las empresas y política. Instituo Alemán de Desarrollo.
· González, Hernando (2007).
Informe de consultoría para el DNP – DDTS. Bogotá; Departamento Nacional de
Planeación.
· Departamento Nacional de
Planificación, González, Hernando (2007). Visiones y agendas de desarrollo
económico en los planes de desarrollo de las entidades territoriales, Bogotá,
Colombia.
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