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domingo, septiembre 05, 2010

Sindrome Pedraria (Capitales Intangibles del Territorio)



Por: Onofre Guevara

Sí, como opina Julio Valle-Castillo, Oscar-René Vargas (¡entre guiones siempre los he de ver!) escribió El Símbolo de Pedrarias para desenmascarar, su objetivo es ir en «busca del rostro legítimo del nicaragüense». Aunque, objetivamente, lo que Oscar-René busca es desenmascarar el rostro del político tradicional nicaragüense: rudo, mentiroso, ambicioso y ladrón.

Pero dudo que este tipo de político sea la personificación de Pedrarias Dávila, así nomás. Lo arbitrario, autoritario, envidioso, suspicaz, sádico, celoso, insano, ambicioso -»las cualidades principales» del conquistador español- no sólo es el ejemplo de Pedrarias, sino tal vez, principalmente, causa de la estructura de la propiedad, apenas modificada desde la colonia.

Mal ejemplo, por supuesto, con todos los síntomas (síndrome), pero de un mal común de los políticos de la clase dominante de todas las tendencias, épocas y lugares. Tampoco es contagio por herencia de la sangre ni por la identidad étnica, sino por su condición de propietarios de la riqueza acumulada originariamente desde el poder colonial y con el poder político seudo democrático defendida y acrecentada.

Es el ejemplo de utilizar el Estado como botín de guerra (de conquista) de Pedrarias Dávila, lo que asimilan los políticos como botín de elecciones. La continuidad de este prototipo de político, con su absolutismo y su corrupción, es lo que Oscar-René nos describe con su magisterio de investigador.

Nos enseña también que la continuidad de las características del poder arbitrario y sus métodos autoritarios de utilizar al Estado para el enriquecimiento ilícito, no desaparecen por el hecho de que un gobierno organice elecciones periódicas, transparentes y de amplia participación democrática. Sin embargo, Oscar-René se ocupa poco, casi nada -al menos en este libro-, de descubrirnos la continuidad de estos vicios como fruto de la forma en que se distribuye la propiedad, su extensión (si es de la tierra), su importancia y su calidad.

Antes que los vicios de Pedrarias Dávila, en el período colonial fue la extensión y la calidad de la tierra y la cantidad de «indios encomendado» al terrateniente-caudillo, lo determinante para el despliegue de sus «cualidades». Oscar-René sólo lo esboza. En cambio, es minucioso al enseñarnos cómo «Se concibe el Estado como el medio por excelencia para realizar la acumulación originaria del capital. (De cómo) La «sed de oro» de los conquistadores en la época de Pedrarias Dávila corresponde a la actual situación de corrupción (...) de la clase política del país, y de acceder a los puestos de gobierno para lograr el enriquecimiento acelerado». (Oscar-René Vargas, El Síndrome de Pedrarias, pág. 56).

Oscar-René es eficiente en la descripción de los síntomas del mal económico-social, que hacen un círculo vicioso: se tiene poder porque se tiene riqueza, y se tiene riqueza porque se roba desde el poder o viceversa.

Algo inquieta después de leer este libro: si la corrupción, el autoritarismo, la ambición y la crueldad en el manejo del poder público es un fenómeno universal (con sus lógicas variantes), ¿por qué entonces el síndrome de Pedrarias Dávila, si todos los conquistadores fueron más o menos iguales en su función de representantes del mismo colonialismo y teniendo a la misma iglesia como su aliada «espiritual»?

Las diferencias en cuanto al estilo democrático o no de ejercer el poder y de utilizar el Estado entre un país y otro, es resultado -creo yo- de su desarrollo particular, y no sólo por haber tenido colonizadores con una u otra forma de gobernar. Es la estructura de la propiedad, su distribución y desarrollo la que aparece como la causa de unas y otras características en cada país, y determina la formación de sus sociedades, sus virtudes y defectos.

Pienso en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua con sus similitudes político-sociales por un lado, y en Costa Rica con sus diferencias, por el otro. Con su capacidad científica de investigador, el joven maestro Vargas podría explicarnos mejor de este fenómeno, con el mismo filo de su crítica, sin pelos en la computadora, que le admiramos.


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